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martes, 1 de diciembre de 2009

página.05

ni siquiera el olor a la muerte me tranquilza.

no puedo, juro que lo intento pero no lo logro.
¿qué hacer, entonces?


debo pensar que es una maldición, soy mejor que esto.

¿cuándo volveré?, necesito volver.
necesito estar completo, hacerme el dios que siempre fui.

jueves, 30 de octubre de 2008

Allá abajo

¿Cómo inventar un mundo nuevo?, ¿cómo comenzar otra vez si estás de pie sobre la nada?, ¿acaso regresarás sobre tus pasos?, ¿cómo inventar los colores del arco iris o las tempestades marinas?, ¿acaso extiendes las alas para soñar sobre los ríos púrpuras?, ¿acaso sobrepasa el pecado tú alma salvaje?, ¿acaso escondes la aflicción de la vida eterna?, ¿acaso contienes las lágrimas cerca a las puertas de tu recinto?


Sin embargo aquí estás, junto a mí, a solo unos metros de mí. Dos estatuas de roca que con los siglos nos desmoronamos, y los artesanos se acercan y labran sobre nuestros cuerpos, esculpen nuestras facciones, corrigen los bordes dañados por el tiempo; la lluvia, las inundaciones, el sol que los despelleja.


Hombres que aran la tierra. Mujeres en su constante ir y venir llevando a sus hijos, cargando las frutas, entrando y saliendo del pueblo. Hombres y mujeres cuidando animales, escondiéndose en sus casas, jugando a ser hombres que viven y sueñan.


Aquí estamos. Seres inertes, seres muertos de roca sólida, y aún así respiramos de este tiempo, aún así rompemos en llanto o lo contenemos. Aquí estamos, desmoronándonos.


El río sube y arrasa el pueblo, lo hemos visto decenas de veces, ¿recuerdas?, allí está de nuevo, cada año se repiten las inundaciones, los hombres que pierden cosechas que cuidaron con mucho esfuerzo durante meses, primero arando la tierra, abriéndole surcos y luego sembrando, las mujeres lloran por sus hijos extraviados que el agua arrasa y por los animales que se ahogan, arrastrados por las corrientes, escuchamos a los animales muriendo y chillando, ¿recuerdas?


Fue hace doscientos años que el agua nos alcanzó hasta arriba de las rodillas, solo un poco más alto que una casa, y míralos, allí están los hombres otra vez, siempre regresan.


Con sus herramientas suben hasta nuestras cabezas y corrigen los daños, no importan las cosechas, los animales muertos, los niños desaparecidos. Regresan por nosotros.


Y solo somos sus dioses muertos.

miércoles, 1 de octubre de 2008

un nombre

No sé por qué regresé, solo alargaba los pies, uno delante de otro hasta que por fin llegué. Las mismas paredes rotas, los mismos muertos amontonados, las mismas sonrisas falsas, las mismas plumas del cojín que se rompió en un juego absurdo y ridículo.

No lo sé, simplemento no lo sé.

Y, sin explicaciones largas y aburridas, aquí estoy, comenzando de nuevo a inventar el mundo.

¿Mi nombre?: dios.

lunes, 15 de septiembre de 2008

Fragmentos

No recuerdo cuando fue la primera vez que mentí. Me gustaría recordarlo, pienso que sería divertido.

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Lunes, trabajo; Martes, almuerzo; Miércoles, cine y cena; Jueves, un paseo previsible y un escape inoportuno, es porque veo el futuro; Viernes, quien sabe a dónde y quién sabe con quién, pero ha de ser el extasis y maravillosidad; Sábado, compras, lavar la ropa, barrer la casa, limpiar al gato; Domingo, perder el tiempo con el mejor de los esfuerzos.

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"Dios mío, si tú hubieras sido hombre,
hoy supieras ser Dios;"

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Hoy encontré a la flaca de siempre, llevaba los zapatos sucios y no se maquilló en el ómnibus, como otras tantas veces lo había hecho...




jueves, 11 de septiembre de 2008

acero

¿Quién dijo que no sería posible dar un paso más?, quizá nadie lanzó la pregunta y quizá solo la voz se ha repetido por milenios en la cabeza de Gabriel, pero él no lo sabe, ya no sabe mucho de nada, sabe demasiado poco como para aventurarse a conjeturar alguna idea, alguna razón válida que le permita seguir pensando. No. Prefiere solo quedarse y reconocer el primer origen de las voces, pensarlas como si proviniesen de Dios.

Y justo ahora comienza pensar en Dios, en todas esas palabras que escucha constantemente, algunas tan fuertes que tiene que agacharse por la sorpresa que le causan, o le hacen voltear en plena calle o a responder a las preguntas que oye, "no carajo, olvida eso...", responde y, generalmente le ocurre que cerca de él hay una persona sorprendida que atina a apretar sus objetos personales contra el pecho; Gabriel pide disculpas y en el algunas ocasiones intenta ofrecer alguna explicación pero con el tiempo ha descubierto que las explicaciones no sirven de nada o de muy poco y, últimamente, prefiere callar y deambular por las calles, intentando esquivar las voces que le persiguen, preguntándose de dónde viene y para qué.

Quizá por eso no creyó que le estuviesen hablando y por eso no volteó, apenas alargó el brazo para alejarse cuanto antes, y por eso quedó sorprendido cuando lo sujetaron del brazo y entonces si volteó y el cuchillo se le clavó debajo de las costillas y le hizo doblarse pero no emitir ningún quejido, todavía estaba sorprendido cuando, en el suelo sentía que las manos le rebuscaban en sus bolsillos para luego dejarlo allí, recostado, desvaneciéndose en un sueño hermoso y viéndose caminar a la voz que ahora le llamaba amorosamente.