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viernes, 28 de noviembre de 2008

¿Por qué ya no hablamos?

-       ¿Por qué ya no hablamos?

-       ¿Es una adivinanza?

-       No, no lo es. Pregunto porque ya casi nunca nos decimos nada; estamos uno cerca del otro, pero ninguno dice nada, ¿no te inquita eso?

-       No.

-       A mi sí, me molesta ese silencio nuestro, tan nuestro por cierto, porque si recuerdas bien nos conocimos una madrugada hace ya más de quince años.

-       Me acuerdo, éramos dos amebas aún... lo recuerdo y me da risa.

-       ¿Por qué ya no hablamos?

-       De repente porque nos han comido la lengua y lo único que se transporta entre nosotros son nuestros pensamientos.

-       De repente porque estamos...

-       ¿Dormidos o muertos?

-       No, yo creo que estamos despiertos, demasiado quizás. Lo sé por esas gotitas de agua que se amontonan dentro de tus ojos y se van rebalsando hacia fuera, ¿ves?, mira – pasó un dedo por su mejilla y le mostró el brillo de su lágrima.

-       No son lágrimas, bueno si, pero no estoy triste, es todo lo contrario, demasiado feliz, eso es, si, eso es.

-       Pero, ¿por qué no hablamos?, ¿por  qué no nos decimos lo que sentimos?

-       Yo también te voy a extrañar.

-       Yo también pienso que lo pájaros chillan demasiado fuerte.

 

Esa tarde, mientras almorzaban mirándose sin mirarse, hurgaban dentro de sí mismos las palabras que querían decirse y nunca se dijeron. Quizá fue lo mejor, quizá de esa forma absurda y despreocupada les quedó, aún, algo a que aferrarse; una tontería con la que mantener las esperanzas, aun sabiendo que con el tiempo estas se desvanecerían y quedaría de ellos solo una mera imagen de algo, de un aquello, de un de repente y de un quizá; aun sabiendo que con cada palabra no dicha estarían mucho más lejos y, sin embargo, estarías mucho mejor de lo que nunca estarían.

jueves, 16 de octubre de 2008

Sobre muñecos y perros

- He vuelto a autoexiliarme, varios días pasaron George, luego una semana y finalmente veinticinco días, es lo más que he soportado - dijo, se recostó en el sofá y apoyó su rostro sobre uno de sus hombros.

Me recordó un muñeco, de esos que ya no se fabrican, un muñeco de trato al que, cuando era niño, solía aventar al aire solo para verlas curiosas formas que adoptaba al caer. Mi hermano y yo jugábamos con soldaditos al que les abarrábamos una bolsa a la espalda y al caer, esta se desplegaba como un paracaídas; subíamos hasta el techo del segundo piso y desde allí los arrojábamos y los veíamos caer arrastrados por el viento. Al fin habló

- La verdad no sé que hacer, mira, siento que estoy perdiendo el contacto con este mundo, cada vez más ocurre que no puedo dormir, paso las noches en vela, pensando y pensado, pero no es cualquier tipo de pensamiento, no, es uno del que no puedo escapar...

Se hizo un largo silencio que solo se veía interrumpido por los ladridos de los perros. Alguien, alguna vez, me dijo que suelo escribir mucho sobre perros, en realidad le temo a los perros, no sé de dónde o cuándo se originó ese miedo. En varias oportunidades me ha tocado quedarme petrificado cerca de perros, incluso perros pequeños; alguna vez una enamorada mía se sorprendió que le tema a los perros.

Cuando volteé el rostro descubrí que mi amigo ya se había ido. Se exiliaría nuevamente.






miércoles, 8 de octubre de 2008

Realidad

Anoche tomé un café con Alicia, lo menos que imaginé en esta vida es tomarme un café con Alicia; es que Alicia es muy especial o al menos siempre la he visto asi, digo, siempre ha sido muy callada o muy reservada, quién lo sabe, pero así es ella, tímida. Sus amigas han manifestado que no lo es tanto como uno se imagina.

Yo no lo sé.

Hemos quedado en ir al concierto de Durán Durán, ya compramos las entradas y solo falta que llegue el día. Estamos esperando. En fin, en realidad no salía a la realidad hace mucho tiempo y hablar con alguien real me ha hecho bien, digo, hablar cualquier cosa que no sea sobre trabajoo imaginar conversaciones con los seres que me pueblan.

Porque dentro de mi, hay seres que me pueblan, digo, hay montones de ellos o quizá solo uno disfrazado de miles; de pronto estoy hablando con alguien, y yo contesto por ese alguien, y ese alguien me dice algo que no me gusta y me molesto con ese alguien a quien ya no me provoca seguir hablándole,  pero ese alguien insiste con palabras más duras hacia mi, y yo me debato entre iras y rencores.

Qué bueno, Alicia, que conversamos sobre cualquier cosa, utilizando palabras reales.

Es que la realidad es dramática, porque este blog no es para entretener a nadie en particular, aquí solo flotan las palabras imaginarias y los seres reales.