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lunes, 19 de octubre de 2009

estoy recostado, bebo café y como bizcochos. pienso.

el almuerzo de hace cuatro dias, la casa de paula, la cama de rosmery, la tienda del señor julián. pienso.

debería emitirse un decreto que prohiba pensar cuando se está recostado bebiendo café y comiendo bizcochos.

por mucho que lo intento, no hay nadie con quien hablar, digo, hablar de verdad: caminar buscando un lugar, sentarse en una mesa, uno frente al otro, pedir algo de tomar, algún piqueo, abrir la boca y dejar que los sonidos distorsionen el aire provocado por las palabras, que éstas sean coherentes, que digan verdades, que no se cuestionen.

creer. pensar.



"el cielo está amarillo, dijo. no es verdad, le respondieron. pero al otro extremo de la mirada solo atinaba a gemir y a convencerse que no era un cielo amarillo, sino rojo. tan rojo como los copos de nieve; así lo había conocido desde muy pequeño, había visto (y sentido), como se abría el cielo sobre él y que desde lo profundo de sus entrañas le lanzaba el agua que pensaba era lo más hermoso que vería jamás. viviría miles de años con la sola excusa que volver a ver sangrar el cielo; pero ahora lo veía amarillo y ese color no le causaba ningún bienestar, sino todo lo contrario...."


recostado si, un poco muerto, un poco al lado izquierdo para evitar el dolor de la mano derecha. y soñar un poco en la posibilidad de hablar.