miércoles, 5 de agosto de 2009

laberinto

¿Cuándo descubriste estar enfermo?

No estoy enfermo, respondió él, pero no le hicimos caso; era más divertido ignorar sus balbuceos.

En seguida comenzó a dibujar cabezas sin rostro sobre un papel en blanco.

No había nada de que más hablar y un buen día, a media mañana, justo antes de beber la tercera taza de café, decidió que no volvería hablar nunca; entonces cerró la boca.

Pero era demasiado tarde, ya había comenzado a dibujar cabezas de toda clase; dibujó con su único lapicero rojo, el único que aún no le habían robado de su caja de lapiceros.

El café, sobre la mesa, se enfriaba. No estoy enfermo, se repetía. No había una razón para estarlo, además era libre de pesar lo que se le diera en gana. El café, el café, el café, repetía incasable en su cabeza, pero no abría la boca, era su voz hablándole, repitiéndole las mismas palabras una y otra vez. Pero lo había jurado: no abrir la boca.

El problema comenzó cuando las cabezas comenzaron a hablarle, y luego continuó cuando el café ya estaba congelado.

Y allí mismo terminaron sus problemas: J le había enamorado sin proponérselo. Ella le odiaba a muerte.

¿Quién puede estar molesto con tanto ruido?

7 comentarios:

fgiucich dijo...

Acaso la locura no es un laberinto? Abrazos.

sO! dijo...

La locura gran compañera de muchos.

Besitos!

Gittana dijo...

Es que el ruido de verdad enloquece!!!!

Gittana dijo...

Imagina!!!! dibujar cabezas sin rostros que te hablan al mismo tiempo!!!! no!!!!

H. C. Héctor dijo...

Pero la locura a veces nos libera de lo que llevamos cargando por mucho tiempo.
Saludos George.

Sid dijo...

La locura, el silencio, el cafe... falta un cigarrillo y creo que seríamos muchos de nosotros.

Carlos Lavida dijo...

El café nunca me quitó el sueño.
Es paja dibujar cabezas conrojo.