miércoles 25 de enero de 2012

Breve

Ha sido breve. Una pequeñísima historia de amor.

Primero caminamos hasta el restaurante, luego pedimos la cena.
- Deme dos cafés, una empanada y una torta de chocolate.
- Sí señor.
Dos horas más tarde, el amor nos contenía como si fuésemos dos bestias salvajes, aullando, mordiendo, rasguñando, destrozándonos los corazones.

domingo 15 de enero de 2012

sigue tal cual...


Yo: Solo bebí una copa de vino, lo juro

Otro yo: pero hoy volverás a tener pesadillas

Yo: apenas fue un sorbito

Otro yo: ya no le tienes miedo a las pesadillas

Yo: si... digo, no, es que.... de tanto ver sueños extraños he terminado acostumbrándome

Otro yo: entonces también deberías tragarte tus pasitllas

esa noche, cuando por fin logró cerrar los ojos, no soñó nada. pas pastillas jugaron en su contra, se burlaron de él anulándole los sueños. todavía recorba su último sueño: Iba en el omnibus, intentaba concentrase y recordar a dónde estaba yendo, pero veía las calles medio vacias, lo cual se le hizo extraño, entonces pensé que  debía ser un sueño, pero apenas pensó aquello, abrió la boca en un inmenso bostezo el cual le fue nublando la visión. así se quedó dormido y tuvo el sueño más raro que hasta ese momento podía recordar.

Yo: entonces?, qué harás?

Otro yo: lo de siempre - dijo el otro con el tono de su voz llorosa.

Yo: está bien, pero no es para tanto - le respondí tratando de calmarlo.

miércoles 4 de enero de 2012

Silencio

La Paz es un asunto tan raro.

 

Nunca hay nada que decir.

 

-       Otra vez te vas a quedar callado... – protesta Novia.

-       Bueno, nada, es que justo ahorita todo va tan bien que para qué malograrlo con palabras.

-       Ay, qué aburrido que eres...

 

Terminamos de almorzar. Caminamos por la Alameda. El verano ya ha comenzado, el sol brilla poderoso en lo alto y su luz se filtra por las ramas de los árboles, el ambiente es calmado, no hay muchas personas paseando, casi somos los únicos paseando. Caminamos lento, mirándonos de vez en cuando. Intuyo que Novia espera que le diga algo, cualquier cosa, pero no se me ocurre nada. En este instante, solo quiero seguir caminando. El tiempo es fresco, el viento alborota las hojas secas.

 

-       Por qué nunca me quieres contar nada... – pregunta Novia molesta.

-       ... es que no hay nada que contar...

-       Por qué serás así, no es tan difícil decir lo que uno piensa. Aunque, claro, cuando abres la boca solo es para quejarte. No sabes hacer otra cosa...

-       es que...

-       és que qué... ya vez... ni siquiera así dices algo. ¡Habla!

 

Pero Novia da la vuelta y se va. Sé qué debo correr tras ella, pero lo haré el día de mañana. La Paz es un asunto tan raro. Nunca hay nada que decir.

 

Nunca.

 

sábado 31 de diciembre de 2011

2011


Enero inició cruel: comenzó con sangre.

La casa vacía fue mi cómplice, uno de los platos voló con la excelente puntería de aterrizar en mi mano. La sangre brotó desde mi piel rota y corrió aguada por todo el fregadero, ardiéndome a la mitad del dedo anular, tiñendo el lavadero de rojo pálido, convirtiendo el atardecer en sangre. Solo me quedé observando como la piel se había arrugado, veía un cráter del cual emanaba el líquido viscoso. Sentía el latir de la sangre fluyendo. Con los dedos de la otra mano alargué la piel hasta cubrir el agujero de la herida. Luego la vendé.

Así comenzó enero.

Además de las pesadillas está el hecho de dormir poco, el de despertar a cada instante como respondiendo a un llamado. Una voz que está siempre cerca, y que proviene de todas partes y de ninguna. Abrir los ojos, buscar la voz, cubrirse el rostro con las sábanas, por centésima vez.

Interminables noches de desasosiego, me llevó a conseguir un cuaderno azul, el cual garabateo con entusiasmo y obsesión. Aun nadie ha visto aquellos trazos, pero imagino que cuando lo hagan preguntarán en qué estaba pensando o qué quiero decir con alguno de ellos, o con alguna de las frases que le acompañan.

Un daño colateral a esta falta de descanso es que no dejo de ver insectos por todas partes, no importa donde esté, o con quienes: siempre veo insectos caminando sobre las mesas, al rededor de los libros, cerca a los platos, junto a la computadora, siempre que vuelvo la vista, corren a esconderse y jamás los encuentro. Entonces rocío veneno en todos los rincones de la casa, en cada escondrijo, en cada grieta donde puedan esconderse: la casa huele a muerte.

Comencé a escribir una historia que se supone la presentaría a un concurso de Novela. La llamé “La Delgada Línea”. Debía ser una historia con harto humor, pero el humor no se me da bien, aún así creo haberlos logrado en algunas partes, otras son un asco. Luego, abandoné el proyecto. Hay tantas ideas que aparecen. Hay tanta historia sueltas por allí esperando ser encontradas. Hay tanto loco suelto por las calles.

Doctor ha comenzado, nuevamente, a insistir en formar una banda de rock and roll. Pienso que si tuviera una banda la llamaría “Ruido Blanco”. Pero no creo que formemos ninguna banda de nada. Ninguno de los dos canta, ninguno de los dos sabe suficiente de música, yo apenas logro sacar un par de canciones en la guitarra acústica. Doctor no tiene una batería. Él prefiere un tipo de música demasiado opresora y oscura, demasiado destructiva, yo prefiero algo un poco más armónico y rítmico, pero ruidosa y agresiva.

Doctor no se da cuenta que la formación de esta supuesta banda es solo un sueño, un medio de escape cuando el estrés nos aprisiona y el barullo de los días nos agobia. Lo curioso de todo es que para hacer rock and roll no se necesita saber mucho de música, ni de saber cantar, solo oler el espíritu adolescente. Solo tener entusiasmo. Estamos viejos.

En tanto, se me ha ocurrido escribir una historia sobre una banda la cual se llamará, obviamente, “Ruido Blanco” y como otros proyectos, éste también permanecerá en silencio.

Mi novia (que en realidad no es mi novia), se ha quedado en casa en dos ocasiones. Ha sido divertido volver a despertar con alguien al lado. Aunque haya sido breve la relación, me ha servido para distraerme, para conversar con alguien que no sea un objeto de mi imaginación.

Cuando ella llega, el portero le mira con atención, “míster, tu flaquita?”, me pregunta con libidinosidad, “que quieres chochera... ”, le he respondido, “vete a la mierda” es lo que he pensado.

Pero a fines de mayo ya todo había terminado. Aquel fin de semana estuve de permiso, Ex me ha despertado muy de mañana: "ya me tengo que ir...", dijo, "está bien, pero cuando volverás..., mañana?". Respondió algo que no le escuché, pero yo sabía que ya no regresaría.

Desde hace un par de años nos habíamos perdido el rastro. Durante todo ese tiempo no he querido saber detalles, para qué..., de qué me habría servido saber nada. A veces, ignorar las cosas nos haces felices... o falsamente felices.

Mayo ha sido un mes extraño. Me han dolido demasiado las piernas, como si estuviera en cuclillas todo el tiempo, como si me hubieran pateado en las rodillas, o como si el peso del mundo me estaría doblando en dos.

Ex, antes de irse, me ha dicho, también, que estoy demasiado delgado, “estás más flaco de lo que te conocía, ¿has perdido peso?. De repente deberías ir con un doctor...”, pero ahora, justo ahora, es cuando me siento más fuerte.

Alfin me he mudado.

Es el último piso de un edificio inmenso, altísimo, donde apenas escucho a personas hacer ruido. Aun así, siempre despierto de mal humor, odiando el mundo, odiando todo lo que se me cruza, odiando todas las palabras que escucho, todos los gestos que quieren tener conmigo personas hipócritas y sin vergüenzas. Odio todos los malditos días, esta vida de mierda, aprieto play al mp3 y me desconecto del mundo, apago un poco el cerebro y me dejo caer al abismo de las melodías.

La primera vez que dormí en la casa nueva, sentí que el edificio entero se estaba cayendo de lado. El viento del invierno golpeaba con fuerza las enormes ventanas. Y el vértigo, el delicioso vértigo devorando mis tripas...

Doctor ha llamado, vuelve a insistir en formar la banda.

Ahora he comenzado con la lectura de “Las Crónicas del Lobo Blanco”. Qué mejor escape que una buena lectura, es la historia de Elric de Melniboné, el último emperador de Ymrryr, la ciudad Bella.

Y mientras avanzo leyendo, comienzo a darme cuenta que los recuerdos son solo eso: recuerdos, que si no hacemos que nuestros “dones” se desarrollen, se perderán o se estropearán.

Habría un concurso de novela gráfica. Entonces se me ocurrió la idea de participar. Comenzaría otro proyecto, pero este sería diferente pues contaría con la ayuda de alguien que dice saber dibujar:

- Habla, lo hacemos? - le pregunté y contestó que sí.

“Chévere pz, al toke nomás”, me dijo, “como en los viejos tiempos...

Le dejé libros para que los estudie, pero nunca hicimos nada. Apenas unos muy malos bocetos los cuales, finalmente, se perdieron. Una horrible sensación de vejez me cogió desprevenido: Yo no quiero ser así, es decir, como las demás personas, nunca en mi vida quiero ser así: saber si tal o cual equipo ganó no sé qué copa o si Magaly ampayó a no sé quien, o enterarme de noticias estúpidas. Yo quiero utilizar, todo lo que me sea posible, el cerebro, seguir pensando hasta que se me caiga la cabeza al suelo de tanto pensar. No quiero que se me estropeen los pocos dones que todavía me quedan.

Flaca y Tío se casaron, finalmente.

El gordo y yo viajamos al Sur para la celebración: pequeña y simpática, los niños entonando canciones religiosas, de esas que siempre provocan entusiasmo y felicidad en quienes las escuchan. Luego cruzamos la avenida y entramos al local de la fiesta. Qué pena que poca gente fue, de haber ido más, habría sido un juergón. Pero la pasamos bien.

Las fiestas, para mí, siempre han sido un problema: Imagina por un momento que tienes un amigo de la parte más exótica de Asia. Un día te invita a su casa almorzar y sirven toda clase de insectos y reptiles que nunca habías visto. Así me siento cada vez que soy invitado a una fiesta. “No es nada personal, el problema soy yo”.

Fin de mes: Por fin vacaciones. Aun así, trabajé en casa, nada grave ni urgente, pero trabajo, al fin y al cabo.

Estuve enfermo cinco días, no sé que fue, un poco de fiebre, un poco de nauseas, sin apetito. Una sintomatía un poco rara, me sentía mal, pero no tanto como para tumbarme, pero tampoco lo suficientemente bien, como para hacer los deberes.

Compré un pliego de papel de molde blanco, escribí allí mi obra monumental.

La verdad es que había dejado las medicinas. Un día de desperté y me dije "G, no es posible que sigas así, deja esas capsulas...", y las deje. Por eso estuve enfermo tanto tiempo.

Desde hace unos días estoy de vacaciones (es la segunda semana de las dos semanas anuales que me corresponden por vacaciones): Pocas personas recuerdan que hoy es mi cumpleaños. Una persona me llamó para preguntarme si era mi cumpleaños y luego me saludó. Otra persona llamó para pedirme un favor “y aprovecho para desearte un feliz cumpleaños...”, luego recibí dos mensajes de texto. Son las 11:59 pm, por fin el puto día se ha terminado, por suerte nadie más se acordó ni escribieron al facebook. Ha sido uno de los mejores días de este año de mierda.

El Búho nunca ha festejado su cumpleaños, esta vez lo festejamos. Me tomé tres chilcanos, mi cuerpo pedía más, tuve que entrar al baño a echarme agua y pensar un poco: “no más trago, no más trago, no más trago...”. La fiesta acabó temprano; en casa, nuevamente me cuesta dormir, lo peor (siempre tendré que repetirlo) es sentirse agotado.

Este año fui a tres fiestas (creo recordar que solo han sido tres). En las fiestas hay que reírse demasiado. Yo no quiero reírme, no me provoca. Ahora mismo la risa se me antoja una de las expresiones más falsas que te pueda imaginar, todos se ríen: dicen algo (risas), hacen algo (risas). A mí me hace reír la ironía.

La tercera fiesta fue en casa de la Señora, fue su cumpleaños. Llegué con la Morena, solo bailamos una canción. Pero en realidad lo que me gustó fue bailar con la Flaca: bailamos salsa. Yo no bailo salsa, tampoco ella (fue tan obvio realizar aquella danza improvisada y descoordinada, y eso fue lo que lo hizo divertido. Mientras trataba de soltarme de sus brazos ella me seguía el “ritmo” y daba vueltas y vueltas.

Debo reconocerlo, la Morena es un chica guapa, aunque a veces pienso que tiene dentro una bronca o un no sé qué, que no puedo entender. Quizá por eso suele ser un poco esquiva, su cordialidad me parece un poco seca.

Y, asi pues, la vida continúa con su propia dinámica enfermiza y descorazonada, su propia manera de enredarnos en con sus absurdas comedias y su insípida esperanza. Pero así es la vida, de otra forma no lo sería.

Soñé: Es una habitación, algunas estructuras metalicas me rodean, las paredes son transparentes, puedo ver hacia fuera, pero nadie puede verme aquí dentro. El sol es brilloso, el calor es intenso, me ubico debajo de una ducha, el agua se desparrama por el suelo. Me esfuerzo en abrir los ojos. Fuerza. Despierto.

Amanece, es otro año.


jueves 13 de octubre de 2011

pesadilla uno



Soñé que mataba un hombre. No a cualquier hombre, sino a alguien muy cercano. En el sueño, él era un amigo.

Si quieren relacionarlo a la realidad, poco tendría que decir.

Amanecía, a la puerta de mi casa llamaba la policía, pero yo aun no sabía que eran policías. Me levanto de la cama, muy agotado, camino por la sala, entre desórdenes varios: no presto atención a ninguno de los objetos bajo mis pies; tampoco al líquido pegajoso que retenía mis pasos. Abro la puerta:

-       Señor George.
-       Si...
-       Venimos a llevarlo...

Los sueños también son caóticos, desordenados y viscosos. Horas, quizá días o semanas después, estaba preso, acusado de matar a una persona. Vagamente recordaba una pelea y un disparo. El disparo con el que debí haberle matado.

A Julio lo encontraron recostado en el sofá con una bala en el estómago, desangrado. Los vecinos habían escuchado ruidos de una pelea y luego el estruendo del disparo. La mayoría de los testigos había declarado en mi contra; el resto, prefería no opinar.

-       Es un hombre violento – habría dicho uno.
-       Siempre tiene esa mirada enigmática ... – iniciaba otro
-       ... seguro oculta algo – y terminaba alguien más.
-       Tampoco le gustaban los animales, debe ser una persona muy dolida
-       De repente – y la mujer se persignaba silenciosamente.

Si, había sido yo; debía serlo. Recordaba haberme puesto en pie, haber forcejeado, haber escuchado el disparo, pero lo recordaba lejano, como en los sueños, como en las borracheras. Mientras tanto, los medios masivos hacían una feria conmigo, vendiendo mi imagen como la de un criminal frío y desalmado. Debía serlo: no solo no recordaba nada sino que no sentía ningún tipo de remordimiento o de culpa.

¡Pero todo era un sueño!, estaba soñando: por momentos sentía la respiración de Claudia, mi esposa. Pero lo sentía como el espejismo que deben ver los extraviados en el desierto, como la orilla de tierra firme que ve un naufrago en altamar. Sin embargo, me era imposible recordar.

Aunque, debo decirlo, había momentos en que abría los ojos, y sin poder moverme o hacer algún ruido, intentaba convencerme que esto era más que un mal sueño. ¡Un sueño!

-       Es un hombre malvado, le he visto...
-       Acumula malos pensamientos...
-       Es alguien muy lleno de ira y de tristeza...
-       Ha matado antes, es lo que dicen...
-       Es un monstruo
-       No queremos personas así cerca...







jueves 1 de septiembre de 2011

café


- tu no eres ningún dios, eres un monstruo... - dijo cubriéndose el rostro. su largo cabello le caía un poco desordenado. imaginaba sus ojos aplastados por sus manos, enrojecidos por el llanto, tristes vacíos
- pero es lo que debe ser - respondí - sabía que estarías aquí, igual que muchos otros llegarán ante mi y esperarán mi juicio.


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cuando enfermó le dije que se mejoraría, que tendría que tomar sus pastillas y seguir el régimen. sonrió convencida de mis palabras. pero murió.
ahora mismo debe estar ante dios, y él le estará explicando el por qué.


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la cafetera hace un ruido molesto: son las 3:48 a.m., aun no tengo sueño.
aun no.
debo resistir un poco más de tiempo
quiero escuchar una melodía más... 

lunes 15 de agosto de 2011

amuleto

¿quién lo hubiera creido?: pensé ser mas fuerte, creí no tener vicios ni obsesiones...
 
siempre lo llevaba conmigo, lo utilizaba poco, es cierto, pero lo sentía como un amuleto, como algo que tenía que llevar
de otra forma mi persona estaría incompleta.
 
un día lo extravié; pero debo decir la verdad, no se dónde ni hace cuanto tiempo ocurrió.
 
una tarde caminaba por la ribera de un río y, al recostarme, con cuidado para no dañarlo, vi que no estaba: palpé mi cuerpo con inquitud, luego con miedo y, finalmente, resignado, comprendí que lo había perdido.
 
desanduve mis pasos, desaté maldiciones contra todo aquel con quienes me había cruzado alguna vez "me han robado" pensé "eso malditos, eso puercos, esos salvajes... ¡lo pagarán!"
 
recorrí el mundo dos veces en su búsqueda, sin hallarlo, recorro el mundo, aun, buscándolo...

martes 21 de junio de 2011

Monstruo

"¡¡Es una monstruo...!!"

 

Es lo que dicen. Es lo repiten en cada oportunidad.

 

"Te hará daño, te destruirá y luego se irá y no tendrás oportunidad de nada...", repiten con angustia mientras sus cuerpos atajen el mío en mi huida, y sus manos se aferran a mis brazos y por sus bocas escupen palabras y sus rostros de hinchan de rabia, "huye a dónde puedas, a dónde nadie te vea..." Gritan "Es lo mejor que puedes hacer...". Corro a donde no puedan alcanzarme sus palabras ni sus largos brazos, pero se que sus ojos continúan persiguiéndome.

 

"¡Acaso no te das cuenta!, ¡acaso eres un demente!, acaso...", y así continúan durante horas, días; así han estado durante años, inclusive. Tal pareciera que su tiempo es eterno, inacabable, ¡qué saben ellos!.

 

"No me importa", pienso; "¡y qué con ellos!, ¿acaso les debo alguna explicación?, ¿acaso comprenden mis palabras, mis sentimientos?"

 

Yo se que sin ti los días no tendrán sentido y la vida misma se convertirá en un vacío inmenso que no seré capaz de llenar con nada... un vacío tan grande que nunca será posible llenarlo... no importa cuánto griten, se que no debo escucharles.

 

Eres una monstruo, quizá, pero eres ¡MÍ monstruo!

 

Pero ellos no entienden, ahora lo sé con precisión: estoy acabando con el mundo, todas las cosas a mi alrededor se están derrumbando, los edificios se hacen añicos, las personas se evaporan o se desvanecen, las voces que de ellas salen comienzan a apagarse, a extinguirse, los libros, el aire, los árboles en la calle, todo lo que compone el mundo se va apagando. En un momento estamos de pie, riendo, jugando, disfrutando de un dulce o aventándonos al vacío con alegría, luego estamos muertos, ¿muertos?. Una mancha oscura que no puedo reconocer se posesiona de mi cuerpo. "Te va destruir, ¿no te das cuenta...?", dicen y así continúan, incansables. Yo no les escucho.

 

Solamente pidiendo un vaso con agua, te lo habría llevado feliz, lo habría hecho. Este mundo está de cabeza. Quieres deshacer nuestros vínculos, "te estás destruyendo..." insisten. ¡Qué saben ellos!

miércoles 18 de mayo de 2011

oscuridad

mis uñas están largas, las cortaré ahora por la noche.
tengo la manía de cortarme las uñas a cada rato; no sé cómo es que crecen tanto si las corto muy seguido.
recuerdo que de niño solía morderme las uñas y los dedos.
onicofagia, se llama la cuestión esa.
 
sentí hambre y salí a comprar algo de comida
¡maldición!, otra vez un apagón.
las luces de los vehículos ciegan a los transeúntes
(odio las avenidas grandes)
 
muerdo una uña. resisto.
muerdo, otra vez muerdo...
"apúrate" pienso...
corro veloz... pero mis piernas no son tan veloces como las imaginé
"vamos, tú (yo) puedes...", me digo adentro de mi cabeza
y el golpe.
 
sigo moviendo las piernas con más fuerza
(pero en realidad se van haciendo cada vez más lentos
los movimientos)
quiero morderme una uña, justo ahí
en ese pedacito que sobresale y raspa el dedo gordo
aunque hay un poco de sangre
lo sé porque lo siento por mis manos,
llega incluso hasta mi nuca
ahí, donde se ha instalado un dolor tremendo
 
 
 
 
 
 
 

domingo 8 de mayo de 2011

insectos

estoy muerto
lo sé.

algo siniestro, letal, rodea el aire,
las imágenes se han terminado,
las palabras.

no es necesario mirar hacia otro lado para ver a los insectos.
devorándome.

martes 29 de marzo de 2011

magia

la mujer lee recostada, apoyando la espalda en la barra transversal de la banca.

dejaba ver un poco el muslo, los curiosos se acercaban cuidados para no ser descubiertos.

yo había despertado en la banca de enfrente, luego de la fiesta de renato, el hombre pulpo, como lo llamábamos.

la mujer del vestido rojo cogía un libro que se notaba viejo por el lomo que parecía carcomido por el tiempo. sin embargo, la mujer del vestido rojo no se inmutaba con ningún ruido, ni los hombres que pasaban lento junto a ella para mirarle las piernas.

sentí náuseas, la fiesta de renato estuvo demasiado buena, de otra forma no habría despertado en el parque, atolondrado de frío.

entonces un hombre con corbata comienza hablar por celular, habla mucho pero dice poco, da vueltas en círculos
mientras alza la voz y hace gestos con la cara. enseguida descubro la verdad: también está mirando a la mujer de rojo, quien no hace ningún gesto ni se inmuta con la descarada mirada del hombre quien, ahora entiendo, voltea de rato en rato y mira a otro grupo de hombres, también con corbatas, quienes ríen solapadamente.

renato es una mierda, dejarme dormir en la calle con este frio que me va matar. tengo pereza de moverme.

el hombre de la corbata se ha sentado en la otra esquina de la banca y se apresta ha hablarle.

me duele la cabeza, no debería volver a tomar tequila en mi vida: una día despertaré en una zanja o en una acequia.

la mujer alza la mano sin quitar los ojos de las páginas del libro que lee tan concentradamente, levanta el dedo índice y lo pone en los labios del hombre de la corbata. y en un segundo, el hombre ya no está.

es magia pienso, pero prefiero cerrar los ojos y dormir un rato más. no permitiré que los gritos y la agitación me distraigan del descanso que necesito.

miércoles 16 de marzo de 2011

Duda


No comenzó dificil, sino al contrario, fue sencillícimo.
Fácil..., no.
Se fue haciendo complicado al pasar de los días; a medida que comenzamos a acercarnos, en realidad comenzábamos a alejarnos.
Habíamos iniciado un paseo sin retorno.
Como en las películas de suspenso: El protagonista y la prtagonista se dirigen al Motel donde se cubrirán de la lluvia, pero dentro está Jason, esperándoles con su sierra eléctrica.
¿Comenzamos a caminar juntos?
Gran pregunta, interesante pregunta.
Yo no tengo una respuesta, al menos no una respuesta clara y precisa, libre de toda duda.
Creo que solo perdíamos el tiempo juntos.
No.

domingo 13 de marzo de 2011

luz

veo insectos que trepan por mis paredes.


también caminan por el suelo; al caminar, las aplasto y crujen debajo de mis pies descalzos


se meten por mi boca, mi nariz, mis ojos


deambulan por mis venas


veo la luz al final del túnel...

domingo 27 de febrero de 2011

Arquinia

Este no es un lugar para estar, sino un lugar para extraviarse...

Aquella época, en un conciliábulo se decidió: en adelante sería de aquella forma, es decir, un lugar para extraviarse.

Otros demonios entraron, abrieron la puerta, treparon por la ventana, saltaron el muro, tumbaron los muros, y entraron; no había nadie esperándolos, excepto la voz que les nombraba "monstruos" y ellos respondían como si hubiesen sido tocados por un poder supremos. Y siguieron a la voz.

Le siguieron un tiempo breve, mejor dicho, le siguieron un tiempo que supusieron breve. Sin darse cuenta habían estado andando muy largo tiempo... el tiempo se había extendido tanto que ya no recordaban como había llegado a parar a aquel lugar, los demonios, en su desesperación, decidieron separarse, "así cubriremos más terreno".

Alguno siguió hacia el fondo de los mares. Otros demonios subieron a lo alto de las montañas. Otros tantos ese internaron en los bosques. Los más ambiciosos organizaron guerras. Otros más subieron al firmamento y decidieron ser invisibles, solo manifestarse como la lluvia, el viento, el invierno, las enfermedades, el movimiento de las hojas.

Para ellos había una raza malévola que se extendía por todas partes. Éstos, precisaron de los demonios para ejercer su poder sobre quienes se opusieran a sus deseos.

"Pero estamos aquí, algo debemos hacer", pensaban los demonios en su primera reunión luego de que se separaron, quién sabe desde cuando. Veían los rotos de los demás, y, notaban que no estaban todos los rostros que esperaban, suponían que faltaban rostros, pero ya no podían recordarlos, a otros tantos habían exterminado con sus guerra.

"Entonces, hágase nuestra voluntad", dijeron y al lugar sin nombre lo llamaron Arquinia, pues el sonido de aquella palabra les recordaba, vagamente, el lugar del que provenían.

Pero aquí siguen, aquí seguimos todos los demonios, inventando formas de atarnos al mundo, cuando en realidad ha sido creado para extraviarse.






jueves 23 de diciembre de 2010

un dios

yo no rezo.
no rezo desde que tenía, quizá, once años...
pero no estoy muy seguro de ese recuerdo.
yo dormía en una cama cerca a la de mi padre
(quería irme a dormir a un cuarto yo solo)
lo escuchaba roncar y resoplar toda la madrugada
entonces me levantaba y le picaba con un dedo
"oye, date la vuelta, no estás respirando bien..."
le decía
él giraba "arf, urf, cof, cof..." y dejaba de hacer ruidos espantosos...
recuerdo una vez que mis padres se habían ido a una fiesta
así que durante la madrugada, y feliz de estar en solitario
desperté de improviso, y vi una bruja
estaba frente a mí, su cabello largo y negro, pequeñita y estática como una estatua
mirándome, aunque no veía sus ojos ni escuchaba sus palabras
sabía que estaba allí, mirándome y hablándome
entonces tragué aire "tengo que acercarme... ", pensé
pero no lo hice, no sé si por miedo o por otra razón
me quedé dormido
en la mañana me despertó el ronquido de mi padre
recordé a la bruja, giré la cabeza para mirar el lugar donde
la había visto...
descubrí la verdad:
una silla había sido utilizada para colgar ropas que,
en el misterio de la noche, la habían transformado en un ser
místico, capaz de prolongar su presencia al mundo real
a mi mundo.
una vecina contaba que a los niños que no se les bautiza los duendes se los llevan
yo ya había sido bautizado por lo que los duendes nunca me visitaron, ni me llevaron
a ningún lugar, ¡debí impedir aquel bautizo!
sin embargo, estaba bautizado y había tomado por costumbre rezar
subía a la habitación temprano esperando que mi padre no esté.
apagaba las luces y me disponía al borde de la cama...
generalmente me quedaba dormido; digo, no recuerdo que palabras salían por mi boca
o qué asuntos pedía se cumplan
quizá debí considerar la posibilidad de que los duendes me visiten
y me lleven
luego, un día, sin más, dejé de rezar.
ahora, estando cerca una fecha que se dice importante
me he propuesto inventarme un nuevo dios
uno que permita visitar a los duendes así no estés bautizado
un dios que dejé que las palabras que dicen las brujas las escuchemos

 

 

 

sábado 11 de septiembre de 2010

El auto rojo

Debería dormir. Lo sé. Debería olvidar, pero ahí habita su desolado corazón blandiéndose impertérrito.


Esa noche no durmió, sino que deambuló por las habitaciones oscuras, esperando que amaneciera, ¡Dios mío!, cuánto espero poder ver el solo luego de abrir las cortinas. Al fin, los párpados le pesaban y su cuerpo se recomponía de las heridas. La extrañaba demasiado; era lo más absurdo que había sentido jamás.


Ysabel le había enviado una colorida carta donde le recordaba aquella vez cuando terminaron en el Salmo, un simpático y divertido hotel cerca al centro de la ciudad. Habían amanecido desnudos y felices aquella mañana del 5 de abril de 1999. Octavio lo recordaba con mucha claridad, había sido la ocasión en que se habían jurado demasiado amor entonces, con tanto amor, ¿cómo habían llegado al ahora?, ninguno lo sabía, ya que, como suele ocurrir con este tipo de aventuras, ninguno se había propuesto demasiado y "míralos hija, seis años de enamorados... Son tal para cual hija, qué envidia... ", lo eran.

Octavio se aventuraba a ser poético y practicaba frases empalagosas que Ysabel pensaba provenían de los efectos de alguna bebida exótica y, ciertamente, alguna vez le miró con cierto recelo o, más bien, cuidado porque no esperaba el afecto que él le profesaba. Y su pasatiempo favorito fue: comprar dos botellas de vino, subir hasta el departamento de él, y dejar que el alcohol haga el resto.


"Me amas porque soy una loca", había intentado Ysabel en ser tan extrañamente expresiva como lo era Octavio con ella; sin embargo, a él le parecía que Ysabel era de todo, menos loca, lo cual no significa que fuese una mujer ordinaria, no, de ninguna manera. Ysabel era un ser humano bondadoso, una dama cariñosa y dedicada, de las pocas que aún persisten en estos tiempos tan acelerados; aun así, Ysabel resultaba un poco falta de detalles: lo contrario a Octavio, quien, más que detalloso y romántico, era irreverente y espontaneo; en más de una ocasión la sorprendió con largos paseos inauditos, extenuantes e intersantes, con él había conocido lugares que jamás hubiese imaginado que exisitian, y no hablamos aquí de bellos lugares, no, sino de toda clase de lugares, desde las callejuelas del mismo centro de lima a las dos de la madrugada, hasta el horrible parque del amor en barrando, pasando por los cerros de comas, restaurantes caros en san isidro, la playa de ancón o la playa de asia o la parada... En fin. "a veces quisiera ser buena gente", le decía él, "pero solo puedo seguir siendo yo mismo", terminada, desconcertándola demasiado.


"Hay hija... ", comenzaba Rebeca, su mejor amiga, "ese chico no te conviene, es de lo peor, sino, míralo nomás, esa cara que tiene, y además a los sitos que te lleva, ay, no hija, no me parece ah, te estás metiendo en problemas por andar con él...", Ysabel refutaba diciendo que era un buen muchacho, que siempre le había tratado bien, que le quería mucho porque siempre se lo demostraba, con cada uno de esos extravagantes detalles que él cuidadosamente preparaba "hay querida, el amor te ha vuelto cojuda o qué... dime pues, qué significa eso que te dijo la otra vez, eso de ser buena gente.. ah!, ay amiga, el flaco ese, oculta algo raro, no te fíes mucho de él, yo sé lo que te digo, por algo soy tu mejor amiga".


El trece de abril era su aniversario. El mes anterior no lo habían celebrado por diversos motivos, trabajo y otros compromisos que no pudieron eludir. Festejaban su primer encuentro en el Salmo. Cierto es que no había ocurrido nada que cualquier pareja hiciese a la dichosa edad de veintisiete años (ella) y veintisiete y medio (él). El mundo se abría delante de ellos magníficamente. Sin embargo, no se vaya a creer que todo era felicidad para la joven pareja de quienes ahora hablamos sin reparos. No. También había peleas, nada trascendental, les diré, pues de otra forma no habría nada que contar. Octavio le era fiel, más por indiferencia que por falta oportunidad, es decir, como todo buen macho latino (y eso de macho latino es una exageración, ya que los machos latinos no existen) podía haber salido con alguna de sus amigas, si así lo hubiese querido pero, como ya dijimos, Octavio era un tipo tan desinteresando de toda vida común y cotidiana; así, en lugar de salir un bar, a una discoteca o de patota con sus amigotes, prefería divagar, abstraerse y perder el tiempo con su amada Ysabel. Y así fue, ella confiaba en él, no ciegamente, sería insensato creerlo.


Además, los errores suelen ocurrir, lo mismo que los malos entendidos; "quién esa chica" le preguntó ella de sopetón, a lo que él respondió con la peor de las respuestas: "¿cuál chica...?", "no te hagas pues, la chica esa...", aun sorprendido y estúpidamente, Octavio volvió a interrogar: "¿quién...?". Es allí cuando los hombres reaccionamos, cuando es demasiado tarde, cuando nuestra adorada alma gemela es presa de quién sabe qué y te increpa quién sabe qué cosa. Y discutieron, él tratando de hablar, ella arremetiendo "no me mientas ah", "¿seguro?", "ya, ahora dime la verdad...". Luego de todo, las cosas se aclararon, pero al momento no había forma de hacerle entender que la persona de quien hablaban era la jefa de Octavio.


“León”, le decía ella a él; “leona”, le decía él a ella; “leoncito”, apuntaba con cariño, “mi leoncito”, y le acariciaba y se abrazaban, y se besaban, claro está, con pasión desmedida, y frente a mí, lo cual toleraba poco a falta de novia o amiga cariñosa. Diríase que Romeo y Julieta tenían poco que envidiarles.


El interior del auto olía mal. Un tío me había pedido el favor de transportarle mercadería; no era mucha la mercadería pero quitar el olor resultó muy difícil y, pese a los aromatizantes aun persistía, “ta mare George, limpia pe varón”, bromeaba Octavio desde el asiento trasero, a su lado Ysabel se doblaba de la risa, y de vergüenza ajena. “carajo, deja manejar oe”, le respondí, “y encima un carro rojo, carro de brócoli te compras”. Estábamos a solo diez minutos de nuestro destino, el auto avanzaba veloz y firme por la avenida, no había mucho tráfico. Octavio e Ysabel estaban un poco picados por el vino, pero felices, los veía por el retrovisor “ay George, no le hagas caso...” y luego se besan.


Y, como en las películas, no sé de dónde apareció o si realmente algo apareció, fue como si de pronto la velocidad dejará de existir, y el tiempo comenzará a dar brincos, como si no siguiera una trayectoria lineal, sino a los lados, luego hacia adelante, luego hacía atrás, incluso los sonidos dejaron de percibirse. Quedamos incrustados debajo de un camión que transportaba cemento para construcción; varios bomberos nos retiraron de debajo de los fierros retorcidos. Ysabel se llevó la peor parte. Octavio salió ileso y yo, demasiadas cortadas y contusiones.


Hace dos meses fue la última vez que vi a Octavio. La extraña demasiado, debería dormir, lo sé. Ahora comprendo que hay culpas que nunca deben olvidarse.

viernes 23 de julio de 2010

Monstruos Bellos Como Sonrisas

Y, nada, presento a ustedes (lo dos gatos que todavía viene por aquí), mi primer trabajo.
Saludos

Monstruos Bellos Como Sonrisas

domingo 18 de julio de 2010

hola

... 2.30

lograba distraerse a duras penas, aunque por algunos instantes separaba la cabeza del cuerpo y se dejaba volar por los techos.

era divertido verlo saltar por la ventana todos los días a la misma hora incierta.

en otras ocasiones prefería escribir cuentos que luego predía fuego para esconder todos sus secretos. Sabía muy bien como hacerlo.

Comenzaba pensando en colores, luego caminaba por varias calles y en una de esas, en cualquiera, decidía que le gustaba hacer, e iba de regreso.

aunque en realidad nunca regresó, sus pensamientos siempre fueron caóticos y nosotros nos divertíamos viéndole.

jueves 1 de julio de 2010

volver

de repente no tengo nada que decir y ello es un asunto serio.

había estado rondando por la habitación, di miles de vueltas, una y otra vez hasta que los pies comenzaron a dolerme: solo puedo pensar en J.

en todo momento.

y, de repente un ruido atrajo mi atención. miré por la ventana. la mujer que usa un bastón caminaba sin el, es decir, no solamente caminaba: flotaba.

¿se habrá muerto?

flotaba, lo juro, se acercó a una puerta y la vi cruzar (en J.) pero no salir por el otro lado.

¿quizá ya no vive aquí desde hace mucho tiempo?, ¿quizá ... ?

a veces las asuntos de este mundo se presentan tan inesperados que es necesario tomar en cuenta tantos factores para deshacerse de ellos que uno termina ocupando todo el tiempo en solo diseñar una postura correcta.

pero es mentira ese postulado. siempre hay alguien que sabe mentir mejor que otros y eso complica aun más el asunto.

seguí dando vueltas a la habitación hasta que un día ya no tenía piernas, era solo mi cabeza rodando.

pienso que algún día ni siquiera eso quedará.

disculpe señora, ¿usted volverá ... ?





lunes 31 de mayo de 2010

confia en mí

es una noche de tragedia, dijo. yo le escuchaba. es una noche de mierda, sentenció. dio la vuelta. despareció. la noche se la tragó. era una noche muy oscura. recuerdo que por aquellos días habían muchos apagones; nosotros, aun niños, jugábamos a las escondidas.

entonces Hella apareció, la única persona a quien admiraba en este mundo, yo le miraba desde mi escondite, intentaba respirar lo menos posible, moverme lo menos posible, de ello dependía mi supervivencia. y cuando dio la vuelta y desaparecía, alcancé a escucharle "confía en mi" dijo. y la noche se la tragó.