martes 14 de julio de 2009

objetos e ilusiones

intentaba darle un montón de excusas, un sin fin de razones y justificaciones con la sola esperanza que comprendiese algo de lo que intentaba decirle.

fue imposible, no había nada que decir, ya todo estaba dicho.

habíamos terminado de hablar hacía horas, estábamos agotados por tantas frases sueltas; era como si las palabras aún flotaran en el aire, como si a cada inspiración nos tragásemos vocales y consonantes. sin embargo todavía había mucho que ocurrir.

y ocurrió.

serían las dos de la madrugada, sentía el cuerpo adormecido, estaba seguro de no estar durmiendo; mantenía los ojos cerrados y sentía a claudia recostaba a mi lado, escuchaba sus respiración y el balbuceo de algo que supuse era una oración.

claudia tenía el sueño ligero (demasiado ligero) así que tampoco dormía.

por ello fue tan sorpresivo.

abrí los ojos de pronto, claudia se había apostado a la ventana y con la mirada inquieta me invitaba a mirar. pero yo no miré.

había sido un grito el que nos levantó de golpe. y luego otro. y en seguida otras palabras. ya no había duda de nada, era cierto que las palabras estaban en el aire, flotando; no podíamos verlas pero si sentirlas, nosotros mismos no hablabamos, digo, no hablabamos como se conoce normalmente: abrir la boca, emitir sonidos que viejan al oido de la otra persona. no.

sentíamos las palabras en los objetos, en el aire, en nuestros cuerpos, en nuestras ropas, en el transcurrir del tiempo.

aún mantenía los ojos cerrados, claudia recostada al lado mío y respirando, o claudia mirado por la ventana, yo oponiéndome, inventándole un montón de excusas, todas absurdas, inverosímiles. las palabras flotaban en el aire y las respirábamos, y sin embargo aún quedaba mucho por decir, pero ya todo lo habíamos dicho.

domingo 5 de julio de 2009

bello

No devores mi carne

Mientras aun sueño

El abismo bajo mis pies

El aire calmo, el sereno mar.


No devores mis ojos

Mientras aun no despierto

Cuando mis alas se desplieguen

Sobre un mundo bello

Como las tormentas eléctricas


No devores mi miedo

Mientras me desvaneces con magia

Con hechizos y pociones rotas que verter

Sobre el altar de los sacrificios


No devores mi nostalgia

Devuélveme el corazón

Las manos de cadáver

Las sucias manos de asesino


No devores mis deseos

Arrójalos a un pozo con agua

Que su calma y su silencio

Sirvan de tumba de innecesario recuerdo.


No devores mi muerte

Libérame del abismo bajo mis pies

Del océano agitado

Sobre un mundo bello.

martes 30 de junio de 2009

ventana


Ya no hay nada que mirar, ni siquiera el sol lento cayendo detrás de los cerros.
 
En eso pensaba mientras se atrevía a mirar por la ventana. Pero no era mirar lo que hacía. Abría los ojos, es cierto, pero qué es mirar para alguien que ya no desea ver el mundo.
 
La ventana abierta, el frio aire entrando a galope, una mujer sin dentadura en la ventana de enfrente, pero él no le ve, y ella tampoco le v a él.
 
Un ciego y una anciana, era lo único que quedó de aquella miserable tarde.
 
Es porque ya no hay nada que mirar, repetía un hombre en la calle, entre la avenida Rincón y el pasaje Externo. Vi a los hombres alejarse, charlando amenamente sobre los tiempos extras de un juego de no sé qué; más bien se me dio por imaginar a aquel hombre que miraba sin mirar.
 
¿Acaso puede existir tal hombre?, los supuse de mil formas, colores y tamaños distintos, pero nunca lograba concretar su rostro o su voz, o sus ojos que se pierden en el vacío.
 

 

lunes 29 de junio de 2009

Paisaje

Mucha agua corre bajo el puente, por eso no siento deseos de escribir. Han transcurrido varias semanas y no he escrito algo medianamente aceptable (aceptable para mí)

Me he refugiado en mi cama; agotado, he faltado al trabajo tres días seguidos sin una excusa creíble, ahora mismo aprovecho el feriado largo y no tengo deseos de levantarme ni desabrigarme.

No tengo excusas para tanto desasosiego, no sé que me sucede. O tal vez si.

Creo que todo comenzó el jueves4 de junio 2009. Le había dicho a Claudia que volvería de la oficina tarde pues tendría una reunión bastante importante, y que no nos veríamos sino hasta dentro de dos días. Aquella reunión significaría puntos a favor para seguir ascendiendo como favorito para un cargo importante en la empresa. Demás está decir que la reunión fue interesante, acertamos con la presentación de nuestra estrategia de desarrollo y salvo pequeñas modificaciones, todo iba viento en popa.

Al final del día, caminé hasta el estacionamiento, no estaban los hombres de la vigilancia pero no me inquieté al respecto; quizá están metidos en una de las oficinas, pensé. Una mujer me llamó, estoy seguro que era mujer, escuché su voz de mujer y allí mismo cambio todo lo que conozco. Volteé y apenas distinguí una figura vestida de rojo. En ese instante un pesado sueño me invadió, intenté resistir pero fue imposible. (Cuento la historia tal como la viví y como la recuerdo).

Desperté con el aroma de las flores (en mi departamento no tengo espacio para un jardín, ¿cómo podía saber que ese aroma era de flores?, ni siquiera visito una parque hace años), estaba boca arriba, con los ojos cubriendo gran espacio, no podía mover los brazos ni las piernas, no había dolor en mi cuerpo pero si una extraña sensación de estar flotando. Mientras más abría los ojos, menos podía entender lo que sucedía, era como haber abierto uno de esos libros de magia y haber entrado en el. Mientras más abría los ojos, menos podía comprender lo que estaba sucediendo.

Pequeños hombrecillos jugaban sobre mí, los veía saltar y correr encima de mi cuerpo, disfrutando de un intenso día de campo junto a otros hombrecillos que vestían multicoloridos, todos ellos con los rostros felices, risueños; allí estaban los hombrecillos, indiferentes a mi presencia, como si yo mismo fuese parte del paisaje. Desesperado, intenté gritar, pero al abrir la boca se produjo un ruido simpático y en seguida los árboles se agitaron y las hojas secas cayeron por el campo y lo único que provoqué fue que los pequeños hombres alzaran los brazos en señal de algarabía, ¿qué está sucediendo a mi alrededor?, ¿qué es este lugar?

Sin embargo, el aroma a flores me desbordaba, se trataba de un aroma agradable y reconfortante, me sentía elevado, si el paraíso existe, ese debe ser; y allí estaba, sobre lo que había sido mi brazo florecían arbustos de diferentes colores y olores esparciendo su aroma mágico hasta mi nariz invadiéndome y llenándome de paz . Cada cierto tiempo, los hombrecillos caminaban hasta el lugar de las flores, cogían una para luego regresar y obsequiarla a una bella dama, tan pequeña como ellos.

Hacía arriba no solo revoloteaban las aves, sino pequeñas hadas resplandecientes quienes se extasiaban jugando entre las ramas de altos árboles, cogían entre sus manitos las gotas que el rocío había desparramado en la mañana y las arrojaban sobre los pequeños hombrecillos que descasaban en la grama, luego reían pese el enojo de éstos, pero, ¡ay!, tercas, volvían a la carga una y otra vez.

Ello provocó que los hombrecillos (de quienes luego descubrí que su raza era el de los Elementales) lanzaran gritos estridentes que las hadas no podían soportar provocando que se cubran las orejillas, entonces cargaban otras gotas de rocío y las arrojaban sobre los hombrecillos que gritaban con mayor fuerza y estridencia. De no haber sido por un inmenso búho que apareció sobrevolando las copas de los árboles y que se posó en lo alto de una rama y habló con voz de Sabio, quizá habrían terminado en una pelea innecesaria.

- Hermanos – dijo – hermanas – no hay necesidad que trataros mal unos a otros. Este mundo es grande – Y me miró.

Fue todo cuanto le escuché hablar.

Al abrir los ojos conducía semidormido por una larga avenida.

Comprendo lo inverosímil de esta historia, yo mismo no lo creo y me siento sobrepasado por tener que exponerla de esta manera; entonces la razón de no sentir deseos de escribir es simple, luego de haber vivido aquella experiencia, díganme ¿qué puedo escribir ahora? Mucha agua corre bajo el puente y quizá sea apenas el comienzo.

miércoles 24 de junio de 2009

Cuaderno 3

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viernes 19 de junio de 2009

Visiones

Cuando vi sus anteojos marrones de marco grueso alrededor de sus ojos, me enamoré de Justa. De no haber sido por aquellos, jamás me habría fijado en ella. "¿Quién está detrás de esos anteojos", pensé en aquel momento.
Sería jueves, volteé y allí estaba Justa, mirando con esos ojos serenos que dan la sensación de apenas conectarse con el mundo, "estoy aburrida..." me dijo, "te doy toda la razón, este lugar parece un mazmorra..." respondí. No recuerdo que otros temas hablamos, pero recuerdo haberle estado mirando sus anteojos, intentando adivinar quién era la persona que estaba detrás de ellos.
Ahora me doy cuenta que existen personas que se ocultan detrás de anteojos oscuros, sus personalidades dependen de ocultar sus miradas o quizá lo hacen para observar sin ser descubiertos, como los criminales o los hombres que miran a las mujeres en los paraderos del autobuses; se recuestan contra una pared y desde allí les miran las piernas o los escotes.
También hay personas que utilizan anteojos negros porque perciben la sensación estar frescos y relajados como en un día de playa, como si el ir y venir del tiempo no existiese; los utilizan incluso de noche, me pregunto cómo es posible que puedan distinguir algo. Otros que esconden ojeras inmensas o cansancio.
Hay quienes necesitan anteojos para leer o para descansar la vista, hay quienes aprovechan la moda para utilizarlos de diversos tamaños, colores y formas, hay quienes los necesitan pero los disfrazan con marcos delgaditos y quienes se los quitan ante la presencia de alguien más o en diversas reuniones porque no les hace lucir bien.
Justa no pretendía nada de eso, aunque en realidad nunca se lo pregunté; asumo que los utilizaba por necesidad pues nunca vi que se los quitara ni siquiera para frotarse los ojos. Llevaba los anteojos como si no los tuviera encima, como si fueran parte de su suave rostro, se amoldaban perfectamente a su cara, caían naturalmente sobre sus orejas y siempre combinaban con el color de su cabello. Jamás le vi acomodándoselos o insegura con ellos. Alguna vez me confesó que ni bien cruzaba la puerta de salida de la oficina se los quietaba pese a que no lograba ver más allá de unos metros, pero nunca la vi ciega.
Habría podido sentarme frente a Justa durante horas sin fin solo para verle sus hermosos ojos serenos detrás de sus anteojos marrones, escucharle hablar y verle mirar tranquilamente, como si las lunas de sus anteojos contuvieran algún tipo de exceso en su mirada, como si se tratasen de un par de jaulas que me permitían verle los ojos serenos.
Bien había intentado verle continuamente invitándole, decenas de veces, un café, pero siempre los rechazaba cortésmente. Me imaginaba sentado frente a Justa intentando descubrir a la persona que hablaba con esos anteojos.
Sé que este relato se lee absurdo, después de todo, quién en su sano juicio se enamora de alguien por unos anteojos, sin embargo, no habría podido imaginármela sin ellos; pienso que quizá habría dejado de ser ella misma, pienso que quizá nunca me habría enamorado de Justa y que nuestras vidas nunca habrían tenido el mismo sentido si no nos hubiésemos cruzado, y es que haberme enamorado de Justa de esta manera exótica ha sido lo más extraordinario que me ha sucedido.

miércoles 17 de junio de 2009

otras ausencias


el informe coagulo de sangre,

sobre tu plato desbordado de langostas

moradas de ángeles azules, asesinos de cuerpos celestes recorriendo vuestro cuerpo en busca de cicatrices que abrir con sus uñas filosas como hoces envenenadas.

Enfundado en su pijama a rayas, una gris, una línea blanca, una roja herida como una boca desdentada, un color inventado por un milagro, el grito desesperado, la noche abierta a los ojos blancos en son de paz. Tu corazón ardiendo en el fuego negro.

La inevitable caída; el abismo no se crea ni se destruye, solo se transforma, se arrastra por el suelo anegado en lágrimas. Tus pensamientos buscando los míos.

El recorrido de sus dedos, infinitos espejos reflejándose eternamente, sus pasos leves, los garabatos en las paredes, una cárcel interminable; la prisión de respirar, de poseer sueños, de arrancárselos uno a uno, siniestros pasos leves avanzan como la niebla más ausente.

miércoles 10 de junio de 2009

tarde

qué importan las ganas o qué importa el deseo.

sin su voz suave y melodiosa al otro lado del auricular aquellos días son como cualquier otro.

largos y desabridos.


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mis dedos se han congelado y apretarlos contra los cuadratidos del teclado es doloroso, casi tan doloros como la tarde del siete de mayo de 1999, cuando, inflando el pecho de valentía, me atreví a cruzar el mar de multitudes hasta a penas percibirle el perfume carísimo que había comprado.

desvarío.


martes 9 de junio de 2009

Crisis

Aunque este blog no es político ni de opinión, esto último, es realmente intolerable.




Aquí la cronología de los hechos: Ave Crítica.

También la traducción de lo que dice la mujer en Awajun:

Escúchanos, por favor, señor Alan García:
¡Tú eres culpable porque nos has exterminado!
Nos estás matando.
Nos estás vendiendo.
Tú eres el terrorista.
Nosotros defendemos nuestro territorio sin uso de armamentos, nuestro único arma de defensa es solo lanzas y palos que no son de largo alcance y no es para matar como tú lo has hecho con nosotros.
Tú nos exterminaste usando armamentos, balas, helicópteros y los mataste a nuestros: hermanos, hermanas, estudiantes, profesores, hijos.
Alan, te pedimos que vengas acá en nuestro territorio para que nos pagues de las deudas que tienes con nosotros.
Alan, tú eres vende patria, vende indígenas, vendes nuestros recursos naturales: oro, petróleo, agua, aire, contaminas nuestro medio ambiente y así nos dejas más pobres como nos estás viendo ahora cómo estamos y quedamos.
Nosotros los awajún-wampis no te hemos elegido para que nos extermines, sino para que nos ayudes, des estudios a nuestros hijos que ahora has matado.
Nosotros no te estamos quitando tu propiedad privada, no te hemos matado a tus hijos, tu familia, ahora por qué tú nos acabas.
¡Ya nos exterminaste, ahora quedamos sin NADA!

miércoles 3 de junio de 2009

Señales y Coincidencias

Me lo habían contado decenas de personas en varias oportunidades, pero preferí no creer en nada. Al final terminé estrellado en la pared, como un huevo aplastado y esparcido por todo lo alto y ancho.


En realidad prefería sentarme mirar por la ventana; desde hacía dos décadas era lo único que me importaba hacer. Así pasaba la mayor parte de los días. Cuando hacía frío, ponía una manta sobre mis rodillas, cuando hacía calor pedía que me lleven un vaso con limonada y hielo que bebía con sorbos pequeños para que dure lo más posible. Me avergonzaba pedir otro vaso con el temor que me lo nieguen.


Era el veintitrés de mayo y aquel día dejamos de hablar. Digo, de hablar normalmente, como lo hacen las personas normales, uno frente al otro, cada uno abriendo la boca y pronunciando palabras que en aquel tiempo para algo debían servir. Comenzamos a utilizar otros medios. El MSN fue el primero. Luego utilizamos señales u objetos que dejábamos cerca de nosotros, nunca había palabras, solo objetos: un lápiz, la tapa de una botella de una marca conocida, un palillo de fósforos, un pedazo de papel arrugado, llaves, chocolates, etc., etc. Siguieron gestos con los rostros o con el cuerpo, lo utilizábamos poco pues no queríamos llamar la atención de nadie; también utilizamos señales de humo, chillidos y marcas que grabábamos en las paredes o en los muebles.


No puedo quitármela de la cabeza y cuando deambulo por las estrechas callejuelas de mi Ciudad, escucho su nombre o lo leo en las paradas de los autobuses. No sé si soy yo quien las pronuncia y las ha escrito, o ha sido alguien más, o si ya estaban allí desde antes de mi llegada. "Es mi Ciudad" pienso para comprender que nadie sin mi permiso puede intentar hacer lo que prohíba o permita. "Jazmin", escrito con espray verde; dibujado con piedras en el suelo de los descampados; una niña del mismo nombre a la que su madre llama constantemente pero la pequeña no obedece, su nombre escrito en mis venas y en mi sangre. No quiero quitármela de la cabeza.

domingo 31 de mayo de 2009

musa

desde hace catorce meses no recuerdo haberme acercado a mi cama.

no he dormido en otra cama, simplemente no he dormido.

¿cuándo me convertí en un espectro?, preguntaba frente al espejo, esperando que la imagen me responda pero no lo ha hecho, me observa y copia mis movimientos; cierro un ojo y el otro lo hace, levanto la mano izquierda y él hace lo mismo.

recuerdo haber dormido alguna vez, "hace catorce meses", me digo, pero en realidad no sé si es cierto, mi memoria es frágil y se desvanece constantemente.

recuerdo haber despertado. pero antes de aquel despertar recuerdo haberle besado y que le he abrazado. en ese instante que no hubiese querido que se termine, sus brazos alrededor mio y mis brazos alrededor de su cuerpo, su aliento en mi cara como una mañana fresca. recuerdo haber vuelto a abrazarla.

pero desperté; abrí los ojos y estaba echado en el suelo, hacía frío, la ventana abierta, el sol como una cosa redonda, amarilla y naranja, en el cielo, sin que irradie calor.

no he vuelto a dormir y estoy tan cansado, sin ti no hay razones para continuar, por eso eres mi musa.

martes 26 de mayo de 2009

nada

¿estarás allí para mí cuando te necesite?

¿si te hago una pregunta, responderás?

¿si quisiera que estés a mi lado, lo harás?


hace unos días compré una paloma de vidrio, pensaba regalartela, pero es imposible que lo haga. me he encariñado mucho con el ave; ahora mismo está sobre mi mesa, la luz que la atrevieza hace que forme sombras caprichosas.

¿te puedo extrañar?

aveces quisiera escribir cosas bonitas para que ya no me tengas miedo.

estoy harto de sentirme mal siempre.

lunes 25 de mayo de 2009

terra naomi

the drugs don't work




Say It's Possible

viernes 22 de mayo de 2009

Equivocación

Adoro el frio, pero tampoco tanto como para congelarme. Me gustan los días con neblina o con lluvia.

Erróneamente, piensan que soy depresivo, pero no, no lo soy.

domingo 17 de mayo de 2009

monstruos bellos como sonrisas

Era la cuarta vez que doña Carmen, mi madre, nos abandonada.

En esta ocasión había escogido el día de la madre para hacerlo, específicamente nos había dejado un día antes. Despertamos temprano en la mañana, fuimos a su habitación para saludarla y en su lugar encontramos una nota:

Hijos míos, esposo,

Lo quiero, y lo último que deseo es que sufran por culpa mía.

No se preocupen por mí, estaré bien; solo piensen que se trata de una viaje largo y que pensaré en ustedes a cada momento, porque son lo más importante para mi.

Pero quiero que entiendan que esto es algo que debo hacer, de otra manera me volveré loca.

Los adora.

Mamá

Sus cartas anteriores habían sido similares. Decía que no quería hacerlo y que nos adoraba, pero de todas formas se había ido. Nunca hemos sabido dónde o con quién o dónde estaba o qué hacía.

En ocasiones anteriores, cuando había regresado, mi padre y nosotros la habíamos perdonado luego de varios días de discusiones. Mi padre al menos, la quiere demasiado.

La primera vez que nos dejó yo aun no había nacido. Me contaron que cuando mi madre se embarazó de mi no supo qué hacer, no le dijo a mi padre y huyó de casa. Al cabo de dos semanas regresó, pidió perdón a mi padre, a sus padres y a los padres de mi padre, estos últimos estuvieron molestísimos y no quisieron saber nada de ella, pero a mi padre no le importó y le perdonó. Yo nací y unos meses después se casaron.

Mi madre escribía versos hermosos que yo leí apenas de grande. Tenía un cuaderno rojo donde apuntaba todo lo que pensaba; la mayoría de ellos fueron destruidos por ella misma, tampoco sabemos por qué lo hizo. Solo se conservaron algunos apuntes sueltos que ahora guardo con mucha reserva.

Mi madre, cuando hablaba de ella misma decía había sido poeta, así, en pasado, tampoco daba explicaciones al respecto.

Nosotros, que no entendíamos nada de poesía nos interesaba poco saber sobre aquello, y quizá por eso mi madre se sentía tan sola. Mi padre hacía lo impensable para alegrarla, pero éramos conscientes que cada día mi madre perdía el control de sí misma. La veíamos sentada mirando por la ventana ensimismada y ante el menor ruido gritar exaltada por interrumpirla.

A veces nos provocaba miedo y otras, lástima. Nunca sabíamos que hacer o cómo comportarnos. Generalmente preferíamos evadirla; pero no el día de la madre o en su cumpleaños. Visiblemente hacía un esfuerzo por ser atenta y ejemplar.

Sobre tu piel,

huesos que adorar.

Bajo tu cama,

monstruos bellos como sonrisas

Recuerdo demasiado ese verso.

Mi madre regresó cuatro días antes de Navidad. Sonó el timbre, eran las dos de la madrugada, nuestro perro ladró pero en seguida comenzó aullar. Cuando escuché por segunda vez el timbre me levanté, bajé las escaleras y cuando llegué a la sala, mi padre y mi madre se abrazaban; mi madre sollozaba y mi padre le hablaba bajito, no sé qué le dijo pero cuando dio la vuela me pidió que prepare una taza de leche caliente. Lo hice y regresé a mi casa.

Los días continuaron como siempre habían sido: mi madre mirando por la ventana, ensimismada, nosotros obviando que era capaz de expresar con palabras sus sentimientos, pero ya no escribía más, y mi padre, amándola incondicionalmente.

martes 12 de mayo de 2009

Mueca

Nunca conocí sonreír.

No, no lo hice. Mi sonrisa es una mueca que parte mi cara en dos mitades, una más horrible que la otra.

Mi sonrisa es un gesto aprendido para fingir que socializo. Es necesario, primero, estirar los labios, entreabrirlos, mostrar un poco los dientes y sostener la mueca por unos segundos. Si el gesto va acompañado con alzar la mano mostrando la palma, tendrá una mejor aspecto.

Importante, también es, que lo anterior vaya acompañado con una mirada fija, directa a quien se ofrece la sonrisa.

Si, las sonrisas no deben ir solas. No. Éstas deben estar dirigidas a una persona, un objeto o un animal que lo reciba, y, si este responde con un gesto similar, se habrá logrado parte del objetivo.

Y ahora, os recomiendo practicarlo periódicamente, unas diez o doce veces cada mañana y una media docena antes de dormir. La perfección se logra con la práctica diaria.

En poco os verán como yo, sin haber aprendido a sonreír, lo hago frecuentemente y nadie ha descubierto que no he aprendido.

El aprendizaje real y maravilloso de quienes tiene la virtud de haber aprendido por medios comunes es admirable, por ello es que os ofrezco una alternativa, pero al mismo tiempo me gustaría compartirles una experiencia:

Caminaba de un país a otro, fraternizando, ironizando, bebiendo y haciendo negocios. Una tarde (más noche que tarde), ingresé a un bar donde los pobladores desalmados la habitan y pedí una cerveza.

- ¡Eh! – grité – cantinero, una cerveza helada – y decía aquella frase alzando la mano, abriendo la boca y mostrando los dientes.
- ... y usted, huevón, de qué se ríe tanto... – expresó malhumorado.

No regresé a aquel país y solo sé que de ese Bar, solo queda el cantinero y algunas ratas.


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viernes 8 de mayo de 2009

Cuaderno 2



y tú....
cuándo de pondrás el alma...



miércoles 6 de mayo de 2009

Inexorable

Aquella es una palabra que estoy aprendiendo a utilizar a diario, "es inexorable", repito constantemente para dar por sentada una situación que me embarga.

Les contaré mi semana, les contaré mentiras descaradas como las que suelo contarles.


He estado muy bien, arrojándome a los brazos de un nuevo y perpetuo amor. Presentimiento de amor, para ser más preciso.


Mientras tanto continúo convirtiéndome en un monstruo. Cada mañana, cuando me levanto de mi refugio, un retazo de mi alma se pierde entre las sábanas y es preciso llenar ese vacío con poemas. Y, cada noche, antes de dormir, un pedazo de mi corazón se entierra en el barro de mi sangre.


Pero nada de eso importa ahora: asuntos que suceden siempre, inexorablemente, se diría.


En realidad tenía pensado escribir algo un poco chistoso para hacerles reír, pero ya ven, poco se me ha ocurrido decir.


He peleado con muchas personas varias veces estos últimos días, he padecido pesadillas que ya dejaron de asustarme y, en su lugar, me provocan una extraña sensación de familiaridad, como si realmente perteneciese a una pesadilla, como si yo mismo me hubiese escapado de alguna o como si hubiese aterrizado por casualidad en un lugar al que no pertenezco y al que me acostumbro paulatinamente, le comienzo a tomar cariño.


Curiosamente, mientras escribo, me estoy riendo. También me quema el cuerpo y la visión se me ennegrece, como si me quedase dormido o, peor aún, como si estuviese despertando.

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jueves 30 de abril de 2009

palabras

quién sabe cuándo comenzó este silencio, quién puede decirlo sin oscurecer el día, la muerte noche, la noche hiriente, todos los muertos cantando, todas las risas mueriendo, y tú

qué sabes tú de mi silencio, de mi sangre, de mi endomoniado ser, qué sabes tú de mi sombra, de mis manos, de mi cuerpo de algas y helechos, de bebederos de pájaros enfermos, ¡ah!, qué sabes tú de esta quimera que es mi vida, de estos ruidos a media noche, ¡ah!, qué sabes tú de este insomnio, de esta vida de aullar y latidos y palpitaciones

quién, entonces, puede conocer el principio de las tempestades, saber de mi rostro o de mi tristeza; quién puede deshacer este hechizo




martes 28 de abril de 2009

Madrugada

Yo no sé qué hago despierto tan temprano; son apenas las 4 de la mañana y he vuelto a despertar invadido por una extraña asfixia. No importa qué día se trate, desde hace más de seis meses siempre he despertado de la misma manera: de golpe, percibo con los ojos abiertos la oscuridad y, lentamente, descubro que estoy en mi habitación.

 Generalmente me quedo dando vueltas en la cama.

En poco menos de dos horas sonará el despertador; yo, lo esperaré y ahogaré su alarma al primer intento.

Me gusta esta paz; fuera, no se oyen ruidos molestos y, haciendo un esfuerzo, se puede escuchar el viento, incluso se puede escuchar el caminar del sol rumbo al crepúsculo, aunque en realidad, debo confesar, prefiero mirar el ocaso y, más que mirarlo, percibirlo, sentir el chisporroteo de las últimas luces apagándose y luego la oscuridad y el desvanecimiento de los sonidos.

La habitación continúa negra, o con sombras, me ha costado un poco acostumbrarme a la luz del computador. A veces se oye el ruido que hacen las bocinas de los panaderos ¿tan temprano ya están en la calle?

No importa la hora que me recueste a dormir, siempre despierto demasiado temprano, ¿qué hago a esta hora de la madrugada? Supongo que los especialistas le llamarán insomnio, mal de ojo, embrujo o hechicería, no lo sé.

Las ventanas han clareado un poco, el frío se siente bien, me he quitado el alma para apreciar mejor la naturaleza ¿qué naturaleza puede haber a esta hora de la mañana?

Les voy a contar en lo que estoy pensando.

Pensaba en J., en cuanto la quiero y en cuanto haría por ella. Es porque J. es lo primero que aparece en las mañanas, J. es el insomnio y las madrugadas, J. es las mañanas frías, la luz del sol estrellándose en las ventanas, J. es el ocaso y la noche negra, J. es el olvido, J. es un hada azul de cabello naranja, las manos como cuchillos, J. es la muerte de mi alma.

¿Qué hago despierto a esta hora de la madrugada?, son apenas las cuatro, queda mucho por hacer.