domingo 29 de noviembre de 2009

página.03

no he vuelto a escribir poemas, ni siquiera algunos textos surealistas.

no siento nada.


a los 33 años uno comienza a desear que el tiempo pase más lento, sn embargo el tiempo continúa con su propio ritmo, y a veces es divertido.


anoche ha llovido, me gusta la lluvia.


pero ya es hora de irme.

buenos días con todos

sábado 28 de noviembre de 2009

pagina.02

mala noche, o buena, quizá.


el plan no había sido elaborado pero terminamos en un antro...

todos los hombres muertos nos acediaban, por eso terminamos la noche al rayar el alba.

¿buena o mala noche?
más bien divertida.



aun duele la cabeza y J no me abandona; todos los días se olvida algo, cada mañana se aprende algo nuevo.

como anoche.


cuando aprendí que no quiero olvidar aunque debería, que no quiero pensar, pero se que debo, que no quiero morir aunque sería lo conveniente. y que también se aparecen gritos grabados en la máquina, aprendí que no debo dormir desnudo.


aprendí que todos los días llegan nuevas noches igual de malas, o de buenas.

viernes 27 de noviembre de 2009

página.01

sobre suposiciones

hubiese querido dormir una hora más, pero demasiado calor de arrojó de la cama a la ducha.

siempre los ruidos de la avenida cortando la conversación.

caminé hasta el otro lado de la calle, don Adrían saludó alegre pero distante, dió la vuela y continuó limpiando su auto.

regresé a casa.

primer deseo: dormir una hora más en cualquier lugar dónde no haya ruido.

apenas si la claridad asomado, en su lugar lo faroles crean la atmósfera lúgubre que tanto disfruto.

miércoles 25 de noviembre de 2009

desvarios

veo colores

manchas verdes, naranjas, rojas, negras...


recortes de periódicos amarillentos, juegetes rojos nuevos,
el cabello verde de una mujer negra, y casaca naranja.



abro los ojos
aun es de día (aun no despierto de todo)





no debería abrir los ojos otra vez; lo tendré presente cuando se extinga la noche.

¿aún es de noche?


no, no lo es, levántate y prepárame el desayuno.

no lo haré...

miércoles 18 de noviembre de 2009

deshacer

He intentando por varios medios convencerme (y convencerte) que no he perdido la razón aún.

 

Digo, lo he intentando de muchas formas distintas.

 

Comencé, por ejemplo, obsequiando una barra de chocolate cada mañana, inexplicablemente la barra de chocolate nunca llegaba a su destino: tu mesa de trabajo; ahí estaba yo en la tienda comprándole al sueño, luego caminando por una calle vacía, llevando conmigo una maleta que se me antojaba enorme y pesada, tanto que la hubiese abandonado al borde de la vereda y me hubiese sentado allí mismo o me hubiese recostado a mirar el transcurrir del día. Pero no. sacaba fuerzas de no sé dónde y continuaba caminando pero nunca llegaba hasta tí porque el chocolate me lo había comido sin darme cuenta de en qué momento había ocurrido.

 

Entonces el siguiente paso era arrancarme el corazón y dejarlo guardado en una no los cajones de casa.

 

Hubiese querido, entonces, convencerme que había perdido la razón, pero a cada intento lo único que lograba era enredarme con los sueños que había tejido para mí. Es porque hace algunos años había tejido sueños, muchos de ellos, decenas, docenas, miles quizá, no lo sé, ¿En qué momento se me enredaron?.

 

Encuentro la hebra de uno y comienzo a jalar ¡De dónde surgieron tantas pretensiones!, ¡Dios!, ¡maldito Dios!. Continuo avanzando, en el sueño estoy dibujando el rostro de una mujer gorda que abraza a una niño pequeño, les he pintado con colores fuertes y cuando preguntan respondo "es para que no se malogre", pero no recordaba aquel dibujo. Un hallazgo sin duda, un hallazgo que hubiese preferido mantener olvidado.

 

Habrían tantos otros sueños que debería mantener oculto. No habría sido la primera vez que intento convencerme que no he perdido la razón.

 

En otro escena Julieta y yo nos prometemos amor eterno, abrazados y desnudos nos prometemos que nunca no olvidaremos, que jamás de los jamases nos haremos daño y que mañana mismo iría a su casa a hablar con su padre a decirle "señor, yo la quiero y vengo aquí a pedirle que..." pero las historias de amor han sido escritas para ser devastadas por la ironía y otros entes igual de monstruosos. Nos prometíamos montones de caprichos sucios y tibios. Lo siguiente es un ruma de cartas incendiadas.

 

Entonces al igual que el Gregorio Samsa, soy un insecto. Más que un insecto, soy un monstruo ominoso que con solo levantar una ceja le sirva para exterminar una vida. Convencerme que aún no he perdido la razón, ¡maldito Dios!

 

Sin embargo yo estoy bien, siempre lo he estado y siempre lo estaré. Lo sé, observo el mi reflejo en el fondo de un charco y pregunto "¿estás bien?", y yo (él) responde "si" y sonríe alegremente, da la vuelta y corre, entonces se que ha llegado el momento de levantar los brazos y gritar que no podrán conmigo: "vengan aquí con todo su ejército y sus armas que les estoy esperando, venid aquí seres de carne y hueso, hombres mortales no podrás destruirme, los estoy esperando"

 

Aún no he perdido la razón.

miércoles 11 de noviembre de 2009

aquello impronunciable

tic
toc
tic
toc
tic
toc
tic
toc
.........

odio el tiempo de mierda.


no lo había odiado tanto desde aquella tarde de agosto de 1999

por aquel entonces intentaba inventarme historias cómicas que hicieran sonreir a Julieta, mi novia, pero poco lo lograba; en su lugar mis historias eran frías y de contenido melancólico.

seis meses después nuestra relación había terminado. aún me sentaba en la mesa junto a la ventana que da al edificio inmenso y de color rosado. ninguna historia tenía gracia.

entonces comecé a beber vino, primero un vaso los viernes por la noche luego de regresar dela oficina, luego otro vaso lleno los lunes por la mañana; en seguida, un botella entera cada fin de semana y sin darme cuenta estaba recostado en el fondo de un basurero rodeado de inmundicia.


de vez en cuando abría los ojos y veía el reflejo de las estrellas en los caparazones de las cucarachas, y a las ratas la veía organizar una fiesta multicolor.

tioc, toc, tic, toc, tic, toc...

odio este clima de mierda, siempre hace frío o calor o llueve o se cae el cielo como una neblina que no me deja mirar ni siquiera la hora.

entonces perdía la paciencia, mejor dicho, la encerraba en una lata de cerveza y la arrojaba al fonde del mar; allí por lo menos se sabía muy poco de nuestra historia, por eso adoraba el reloj de madera que me había dibujado don roberto.

me lo había obsequiado en una fiesta tan inmensa que recuerdo haber caminado por decenas de salones y nunca volvía a ver a la misma persona dos veces.


tic, toc
tic, toc
tic, toc
tic, toc....

a veces quisira volver sobre mis pasos,
y a veces quisiera borrar mi existencia
que desaparezca en un murmullo
de la sirenas extraviadas de los navegantes
delirar con el fuego en mis entrañas
ahogarme, despeñarme


entonces aquella aparción a mi lado, sus piernas desnudas sobresaliendo por las sábanas, quizá llorando, mis dedos aprentando su cuello, un orgasmo, el último de todos ellos.

- y, ¿cuál es tu nombre?
- lo he olvidado.
- ah, pero al menos debes saber de dónde vienes

y en seguida di la vuelta y señalé una dirección con la mano abierta.


- no nos amamos, solo estamos aquí de paso, esta cama, estas sábanas no son mias y tampoco tuyas.
- no me importa - hizo una pausa - aún así me gustaría estar aquí siempre.


.
..
...




...
..
.


aburrido.

a veces odio tanto el tiempo de mierda.

martes 3 de noviembre de 2009

laberinto

mi casa como un laberinto
donde pueda extraviar los pasos
las almas desganadas
el corazón en tinieblas

mi casa como un laberitno
para escapar de los años
de los días grises
como cuando éramos uno

jueves 29 de octubre de 2009

desvariante

tal vez era marzo, no lo recuerdo muy bien.
 
pero si recuerdo qué aun hacía calor y que durante las noches corría un viento frío "abrígate oye, te vas a enfermar..." oíamos que nos gritaban.
 
fines de marzo, quizá.
 
yo quería ser adulto y comprender la realidad (ja, hasta ahora no lo hago)
 
lo que había sucedido era que alguien había muerto, lo sé, porque recuerdo las caras largas de las personas, pero no recuerdo ver llorar a nadie.
 
(entonces apagaba la luz de mi habitación y me escondía debajo de mi cama, mamá llegaba buscándome y bajo mis colchas encontraba una almohada, entonces yo aparecía de debajo de un salto poderoso para sorprender al enemigo, ¡ah!, gritaba y me abrazaba a su brazo, pero no era madre, era Daniel que se desprendía de mi y corría con la cara alborotada gritando "¡mamá, mamá!", luego yo me reía de la cara que había puesto y me acercaba a él y le regalaba un muñeco del pato donald que adoraba y solía llevar a todas partes como si fuese parte de mi; era mi amigo, mí único amigo. miento, Daniel era la única persona con la que juagaba. armábamos en fila decenas de soldados y robots que se enfrentaban a otro ejército igual de poderoso que el primero, Daniel siempre me derrotaba, entonces organizaba la contraofensiva pero igualmente era repelido por sus fuerzas totopoderosas, indestructibles)
 
 
 

lunes 19 de octubre de 2009

estoy recostado, bebo café y como bizcochos. pienso.

el almuerzo de hace cuatro dias, la casa de paula, la cama de rosmery, la tienda del señor julián. pienso.

debería emitirse un decreto que prohiba pensar cuando se está recostado bebiendo café y comiendo bizcochos.

por mucho que lo intento, no hay nadie con quien hablar, digo, hablar de verdad: caminar buscando un lugar, sentarse en una mesa, uno frente al otro, pedir algo de tomar, algún piqueo, abrir la boca y dejar que los sonidos distorsionen el aire provocado por las palabras, que éstas sean coherentes, que digan verdades, que no se cuestionen.

creer. pensar.



"el cielo está amarillo, dijo. no es verdad, le respondieron. pero al otro extremo de la mirada solo atinaba a gemir y a convencerse que no era un cielo amarillo, sino rojo. tan rojo como los copos de nieve; así lo había conocido desde muy pequeño, había visto (y sentido), como se abría el cielo sobre él y que desde lo profundo de sus entrañas le lanzaba el agua que pensaba era lo más hermoso que vería jamás. viviría miles de años con la sola excusa que volver a ver sangrar el cielo; pero ahora lo veía amarillo y ese color no le causaba ningún bienestar, sino todo lo contrario...."


recostado si, un poco muerto, un poco al lado izquierdo para evitar el dolor de la mano derecha. y soñar un poco en la posibilidad de hablar.

sábado 17 de octubre de 2009

circunstancias

a veces dios es bueno,
y otras veces, es dios.

sábado 10 de octubre de 2009

de mosa

Entonces dejé de pensar en aquellas cosas extrañas sobre el ímpetu de querer inundar mi casa con lágrimas. Cada noche forzaba la locura hasta el borde del abismo y dejaba que las sucias lágrimas aneguen el piso, inundándolo todo.

Pero olvidé como hacerlo; dejé atrás aquellos cuestionamientos sobre saber o no saber si es importante lograrlo, ¿para qué sirve el saber si no hay necesidad de llorar a cualquier hora?

Entonces dejé de pensar en aquellos asuntos sobre ti y sobre mí, abandoné ese pensamiento en una noche de fango (aquella noche, ¿recuerdas?, cuando por culpa de la garúa se nos enlodaron los zapatos)

Aquellas eran historias para olvidar, para no volver a querer, porque lo que yo deseaba era no volver a llorar, dejar de encerrarme en un lugar y tenderme, y dejar que mi cabeza – y también mi corazón, porque es el corazón el único que me ha acompañado a todos lados – deambule entre penumbras azules y sollozos fucsias.

Y una tarde, hubiese dicho que la querría con todo el ser que aún quedaba de mí, pero J. odiaba las caricias, las flores y los chocolates. Y yo los adoraba, hubiese querido un beso de moza cada día, y le habría dado un beso con sabor a chocolate a cada instante.

martes 29 de septiembre de 2009

Cuaderno 4



Hordas

martes 22 de septiembre de 2009

Clasificado


hombre soltero, complexión mediana, delgado, tez blanca pero un poco oscuro por las quemaduras del sol (aunque me han dicho que soy trigueño aunque en mi paleta de temperas de colores no aparece), ojos café oscuro (no había de otro color cuando compré estos que estoy utilizando, yo quería uno rojo y el otro verde limón), cabello negro, 1.65mts de estatura y de difícil sonrisa. adicto al café, devoto de las películas extrañas para pasar el rato; romántico y neurótico, extremadamente feliz en los días fríos y lluviosos, amante de las mañanas de los sábados (especialmente cuando los viernes terminan con muchas copas de vino de más). obsesionado con las colonias y la ropa extravagante (esto es mentira porque mi guardarropa no pasa de tres pantalones, y unas cuantas casacas); impulsivo y recatado, visionario individual (más bien sería un mago muy torpe), gran escucha. astuto y calculador, sensible incomprensible (más bien debería decir que soy un insensible acérrimo pero me siento demasiado complicado estos días); admirador de las lágrimas y la comida frita (aunque esto último es otra mentira pues mi dieta se ha reducido a la cuarta parte de los platos que normalmente se sirven en los restaurantes, aparte que me da flojera cocinar y termino comiendo galletitas como cena). rencoroso, vengativo, distraído y exageradamente obvio, pero sobre todo comprensivo. loco sin manicomio (más iba decir loco empedernido, pero varias veces mi sicóloga me ha dicho que no lo estoy y que por favor me comporte), busca una mujer interesada en una relación destructiva y poco sincera; llena de mentiras y malos tratos, para poder sacar el coraje de una antigua relación.




visto primero en: http://lorenasanyaazucenaclase.blogspot.com/

(pero con menos detalle)

viernes 18 de septiembre de 2009

oscuro corazón

y si no regresan mis delirios,

entonces dónde sumerjiré mi agotada cabeza.

qué bestias me rondarán

qué absurdas lagunas mentales surcarán mis vacios

qué sucederá con la tierra de nadie; no puedo permitirme un suplicio tan bajo

si apenas dispongo del tiempo suficiendo para llorar

cómo anoche que recordé mis lágrimas y las dejé inundarme

llenarme otra vez con el fuego oscuro

incendiarme, bestias deformes riendo a mi alrededor.

y si no regresan mis delirios,

dónde esconderé mi rostro lleno de verguenza

qué cuerpos y otros deseos podré visitar

entonces elijo la muerte lenta,

las flores marchitas y las solitarias noches

rondarán, entonces, bestias rojas y azules,

plantas carnívoras arrancarán mis ojos

y veré caer la nueva noche

devorarán mi oscuro corazón

te veré partir sobre las nubes los deseos

de aquellos que visitan las cárceles

yo mismo llevaré rosas a los ataúdes

mientras espero el regreso de mis delirios.

domingo 13 de septiembre de 2009

del otro lado

y si no estamos muertos todavía

entonces dejemos correr nuestra sangre por los bordes del altar y rezemos a los gritos

y si no estamos muertos entonces caeremos por los abismos comunes y volaremos sobre las rocas y sobre los árboles.

quisiera no volver a dormir para no perderme en la penumbra de los sueños
pero yo no sueño sin saber lo que respiro
sin beber del rocío de los nenúfares que como lanzas se alzan a mi alrededor

no desearía nunca más
no pediría un reino de estiercol sino un castillo de deshechos
pediría tu mano y te amaría en silencio
como la sombra que todavía soy

si no estamos muertos, entonces,
qué desértico laberinto es este
qué viajes hacemos hacia la instrospección

cierra las ventanas y dime que aún no estoy muerto
y que todavía respiro de tu aliento
que todavía puedo correr y utilizar las manos
que aun puedo recitar versos oscuros y que
aun soy capaz de organizar mis pensamientos
al rededor de una hoguera

lunes 24 de agosto de 2009

Anteojos

Lo primero que viene a mi cabeza es que siempre he querido que me regalen un reloj, pero no cualquier reloj, no uno despertador, eso sería del peor gusto del mundo, sino uno de pulsera, de acero inoxidable, un reloj con agujas (aunque confieso que me cuesta leer las agujas de los relojes; siempre me descubro contando de cinco en cinco o recordando si la aguja corta es le minutero, el segundero o el horario), que tenga número romanos porque solo ellos sabrían dar la hora correcta, que sea un reloj grande (aunque yo soy flaco y pequeño por lo que se me vería como un si el reloj me llevase a mí y no al revés, en fin). Nunca me lo han dado, ni siquiera el ademan del obsequio, pero la esperanza es lo último que se pierde y por eso tengo fe.

Pero luego me volví un poco ambicioso y lo que quería era un reloj que también tenga cronómetro, pero no sé por qué ya que a pesar de que siempre estoy apurado y corriendo de un lugar a otro nunca o casi nunca veo la hora; que sea sumergible, aunque yo no sé nadar y las dos veces que lo intenté terminé semiinconsciente en la arena de la playa, socorrido por extraños. Solo tengo tres relojes en casa, uno es el de mesa, pero se cayó hace unos meses y aun no lo levanto de debajo de la cama, ha de estar conociendo el tiempo olvidado; el otro está en el celular, que siempre olvido sobre la mesa de la cocina o lo escondo en el bolsillo de mi casaca y casi nunca lo reviso, excepto cuando llaman y miro “pucha, llamó a las 20:14pm”, y luego tengo que hacer complejos cálculos matemáticos para saber qué hora era de verdad.

El otro reloj está en la PC, pero solo lo puedo ver cuando la enciendo, aunque en la PC puedo encontrar cosas más bonitas que mirar la hora.

En síntesis es raro que vea la hora o que me importe saberla, porque siempre sé que me he despertado a las 6:40am, que llegaré a la oficina a las 8:20am y que mi jefe llegará a las 9:06am, que el señor de las cobranzas caminara no más de diez minutos, que el día tiene 24 horas (aunque sabemos que eso no es cierto) y que el amor no tiene límites; intuición, dirán algunos, yo le digo casualidad.

Pero luego me di cuenta del fatal error que cometía, “oye”, gritaba la novia que por aquel entonces me traía descolocado “me desespera nunca saber la hora estado aquí contigo...”, yo le decía que duerma diez o quince minutos más, que todavía teníamos tiempo, que llegaríamos con anticipación, que la línea 35 pasaba cada 6.28 minutos y que lo semáforos del cruce de Rigoberto con Emancipación estaban descompuestos, que ganaríamos tiempo allí ; pero ella continuaba igual de desesperada que siempre y entonces, un día, le conté sobre el reloj de acero inoxidable que siempre había querido que me regalen, pero J. me dejó, no soportaba la incertidumbre (como ella le llamaba); entonces terminamos y no supe más de J., ni de sus ojos que habitaban detrás de los anteojos de marco grueso.

descenso


Nos habíamos peleado.

 

Había sido una pelea idiota; nos recriminábamos acciones absurdas sobre quién puede dibujar el círculo más grande, o, cómo se hace para convertir el agua en vino.

 

Entonces, nos convertimos en almas invisibles (e inservibles). Cada uno se encerraba en el círculo de sus pensamientos o se embriagaba con decenas de botellas de vino.

 

"El vino es delicioso, el mejor (y peor) de mis vicios", exclamaba para sustentar mi inevitable pérdida de la razón.

 

"Yo puedo andar en línea recta hasta perderme en los confines del mundo", exclamaba ella y luego ambos nos reíamos.

 

Nos habíamos peleado hacía un mes y medio (es que llevo contando los días por lo aburrido que estoy).

 

Luego, como a eso de las seis con veintisiete minutos del día diecinueve de agosto de este año, J se apareció frente a mí, me observó un rato con la mirada más fría que había visto nunca, o no sé. Solo era una mirada. Me miró. Le miré. Nos miramos sin vernos.

 

Nos habíamos peleado.

 

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quiero aclarar que en estos últimos días no ando muy coherente así que pido las disculpas del caso.

 

 

 

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aparte que he descubierto que hay lugares por donde no puedo pasar ni mirar porque no sé.

 

aunque si sé pero prefiero no saber.

 

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martes 18 de agosto de 2009

tiempo

qué sucederá, entonces, cuando ya no me queden fuerzas.
 
no quisiera saberlo.
 
ahora mismo camino erguido y mirando la luna (aunque no hay luna, solo la sucia bruma negra que cubre la cuidad desde un extremo al otro), pensando en, quizá, que mañana será un día diferente, en que ayer, quizá pudo ser un día mejor.
 
pero, qué más da.
 
distracciones, distracciones furiosas, distracciones sangrientas que se atraviesan por mi cuerpo.
 
una masa de pellejo, huesos, músculos y arterias desparramadas por la pista.
 
quién sabe cómo mirar hacía la luna.
 
aprendí de lo que sucederá, del incierto tiempo de nuestro tiempo.

 
qué sucederá, entonces.

martes 11 de agosto de 2009

letargo

no lo sé, simplemente no lo comprendo ni lo soporto.

entonces ¿de dónde proviene?

es que no llega nada a mi cabeza, por más que le vierto agua en ella. nada.

es una nada dolorosa.

hoy mismo, por ejemplo, estaba naufragando en la Junta, mientras los Grandes hablaban yo dibujaba conejos en los informes.

una terrible nada dolorosa como el aceite hirviendo sobre las cabezas de los gladiadores.

S. miraba por sobre las tazas de café.

(yo le odiaba y la dibujaba como un conejo gordo y torpe)

luego cerraba los ojos e intentaba imaginar como sería estar en la oscuridad; no me habrían permitido apagar las luces mientras los Grandes hablaban.

pero yo no sabía si odiarles o reirme.

entonces, esta nada crecía y mientras más tiempo transcurría, más le odiaba a S.

y la nada crecía, casi-casi, como en la historia sinfin.

miércoles 5 de agosto de 2009

laberinto

¿Cuándo descubriste estar enfermo?

No estoy enfermo, respondió él, pero no le hicimos caso; era más divertido ignorar sus balbuceos.

En seguida comenzó a dibujar cabezas sin rostro sobre un papel en blanco.

No había nada de que más hablar y un buen día, a media mañana, justo antes de beber la tercera taza de café, decidió que no volvería hablar nunca; entonces cerró la boca.

Pero era demasiado tarde, ya había comenzado a dibujar cabezas de toda clase; dibujó con su único lapicero rojo, el único que aún no le habían robado de su caja de lapiceros.

El café, sobre la mesa, se enfriaba. No estoy enfermo, se repetía. No había una razón para estarlo, además era libre de pesar lo que se le diera en gana. El café, el café, el café, repetía incasable en su cabeza, pero no abría la boca, era su voz hablándole, repitiéndole las mismas palabras una y otra vez. Pero lo había jurado: no abrir la boca.

El problema comenzó cuando las cabezas comenzaron a hablarle, y luego continuó cuando el café ya estaba congelado.

Y allí mismo terminaron sus problemas: J le había enamorado sin proponérselo. Ella le odiaba a muerte.

¿Quién puede estar molesto con tanto ruido?