Primero caminamos hasta el restaurante, luego pedimos la cena.
- Sí señor.
La Paz es un asunto tan raro.
Nunca hay nada que decir.
- Otra vez te vas a quedar callado... – protesta Novia.
- Bueno, nada, es que justo ahorita todo va tan bien que para qué malograrlo con palabras.
- Ay, qué aburrido que eres...
Terminamos de almorzar. Caminamos por la Alameda. El verano ya ha comenzado, el sol brilla poderoso en lo alto y su luz se filtra por las ramas de los árboles, el ambiente es calmado, no hay muchas personas paseando, casi somos los únicos paseando. Caminamos lento, mirándonos de vez en cuando. Intuyo que Novia espera que le diga algo, cualquier cosa, pero no se me ocurre nada. En este instante, solo quiero seguir caminando. El tiempo es fresco, el viento alborota las hojas secas.
- Por qué nunca me quieres contar nada... – pregunta Novia molesta.
- ... es que no hay nada que contar...
- Por qué serás así, no es tan difícil decir lo que uno piensa. Aunque, claro, cuando abres la boca solo es para quejarte. No sabes hacer otra cosa...
- es que...
- és que qué... ya vez... ni siquiera así dices algo. ¡Habla!
Pero Novia da la vuelta y se va. Sé qué debo correr tras ella, pero lo haré el día de mañana. La Paz es un asunto tan raro. Nunca hay nada que decir.
Nunca.
"¡¡Es una monstruo...!!"
Es lo que dicen. Es lo repiten en cada oportunidad.
"Te hará daño, te destruirá y luego se irá y no tendrás oportunidad de nada...", repiten con angustia mientras sus cuerpos atajen el mío en mi huida, y sus manos se aferran a mis brazos y por sus bocas escupen palabras y sus rostros de hinchan de rabia, "huye a dónde puedas, a dónde nadie te vea..." Gritan "Es lo mejor que puedes hacer...". Corro a donde no puedan alcanzarme sus palabras ni sus largos brazos, pero se que sus ojos continúan persiguiéndome.
"¡Acaso no te das cuenta!, ¡acaso eres un demente!, acaso...", y así continúan durante horas, días; así han estado durante años, inclusive. Tal pareciera que su tiempo es eterno, inacabable, ¡qué saben ellos!.
"No me importa", pienso; "¡y qué con ellos!, ¿acaso les debo alguna explicación?, ¿acaso comprenden mis palabras, mis sentimientos?"
Yo se que sin ti los días no tendrán sentido y la vida misma se convertirá en un vacío inmenso que no seré capaz de llenar con nada... un vacío tan grande que nunca será posible llenarlo... no importa cuánto griten, se que no debo escucharles.
Eres una monstruo, quizá, pero eres ¡MÍ monstruo!
Pero ellos no entienden, ahora lo sé con precisión: estoy acabando con el mundo, todas las cosas a mi alrededor se están derrumbando, los edificios se hacen añicos, las personas se evaporan o se desvanecen, las voces que de ellas salen comienzan a apagarse, a extinguirse, los libros, el aire, los árboles en la calle, todo lo que compone el mundo se va apagando. En un momento estamos de pie, riendo, jugando, disfrutando de un dulce o aventándonos al vacío con alegría, luego estamos muertos, ¿muertos?. Una mancha oscura que no puedo reconocer se posesiona de mi cuerpo. "Te va destruir, ¿no te das cuenta...?", dicen y así continúan, incansables. Yo no les escucho.
Solamente pidiendo un vaso con agua, te lo habría llevado feliz, lo habría hecho. Este mundo está de cabeza. Quieres deshacer nuestros vínculos, "te estás destruyendo..." insisten. ¡Qué saben ellos!
yo no rezo.
no rezo desde que tenía, quizá, once años...
pero no estoy muy seguro de ese recuerdo.
yo dormía en una cama cerca a la de mi padre
(quería irme a dormir a un cuarto yo solo)
lo escuchaba roncar y resoplar toda la madrugada
entonces me levantaba y le picaba con un dedo
"oye, date la vuelta, no estás respirando bien..."
le decía
él giraba "arf, urf, cof, cof..." y dejaba de hacer ruidos espantosos...
recuerdo una vez que mis padres se habían ido a una fiesta
así que durante la madrugada, y feliz de estar en solitario
desperté de improviso, y vi una bruja
estaba frente a mí, su cabello largo y negro, pequeñita y estática como una estatua
mirándome, aunque no veía sus ojos ni escuchaba sus palabras
sabía que estaba allí, mirándome y hablándome
entonces tragué aire "tengo que acercarme... ", pensé
pero no lo hice, no sé si por miedo o por otra razón
me quedé dormido
en la mañana me despertó el ronquido de mi padre
recordé a la bruja, giré la cabeza para mirar el lugar donde
la había visto...
descubrí la verdad:
una silla había sido utilizada para colgar ropas que,
en el misterio de la noche, la habían transformado en un ser
místico, capaz de prolongar su presencia al mundo real
a mi mundo.
una vecina contaba que a los niños que no se les bautiza los duendes se los llevan
yo ya había sido bautizado por lo que los duendes nunca me visitaron, ni me llevaron
a ningún lugar, ¡debí impedir aquel bautizo!
sin embargo, estaba bautizado y había tomado por costumbre rezar
subía a la habitación temprano esperando que mi padre no esté.
apagaba las luces y me disponía al borde de la cama...
generalmente me quedaba dormido; digo, no recuerdo que palabras salían por mi boca
o qué asuntos pedía se cumplan
quizá debí considerar la posibilidad de que los duendes me visiten
y me lleven
luego, un día, sin más, dejé de rezar.
ahora, estando cerca una fecha que se dice importante
me he propuesto inventarme un nuevo dios
uno que permita visitar a los duendes así no estés bautizado
un dios que dejé que las palabras que dicen las brujas las escuchemos
Debería dormir. Lo sé. Debería olvidar, pero ahí habita su desolado corazón blandiéndose impertérrito.
"Me amas porque soy una loca", había intentado Ysabel en ser tan extrañamente expresiva como lo era Octavio con ella; sin embargo, a él le parecía que Ysabel era de todo, menos loca, lo cual no significa que fuese una mujer ordinaria, no, de ninguna manera. Ysabel era un ser humano bondadoso, una dama cariñosa y dedicada, de las pocas que aún persisten en estos tiempos tan acelerados; aun así, Ysabel resultaba un poco falta de detalles: lo contrario a Octavio, quien, más que detalloso y romántico, era irreverente y espontaneo; en más de una ocasión la sorprendió con largos paseos inauditos, extenuantes e intersantes, con él había conocido lugares que jamás hubiese imaginado que exisitian, y no hablamos aquí de bellos lugares, no, sino de toda clase de lugares, desde las callejuelas del mismo centro de lima a las dos de la madrugada, hasta el horrible parque del amor en barrando, pasando por los cerros de comas, restaurantes caros en san isidro, la playa de ancón o la playa de asia o la parada... En fin. "a veces quisiera ser buena gente", le decía él, "pero solo puedo seguir siendo yo mismo", terminada, desconcertándola demasiado.
"Hay hija... ", comenzaba Rebeca, su mejor amiga, "ese chico no te conviene, es de lo peor, sino, míralo nomás, esa cara que tiene, y además a los sitos que te lleva, ay, no hija, no me parece ah, te estás metiendo en problemas por andar con él...", Ysabel refutaba diciendo que era un buen muchacho, que siempre le había tratado bien, que le quería mucho porque siempre se lo demostraba, con cada uno de esos extravagantes detalles que él cuidadosamente preparaba "hay querida, el amor te ha vuelto cojuda o qué... dime pues, qué significa eso que te dijo la otra vez, eso de ser buena gente.. ah!, ay amiga, el flaco ese, oculta algo raro, no te fíes mucho de él, yo sé lo que te digo, por algo soy tu mejor amiga".
El trece de abril era su aniversario. El mes anterior no lo habían celebrado por diversos motivos, trabajo y otros compromisos que no pudieron eludir. Festejaban su primer encuentro en el Salmo. Cierto es que no había ocurrido nada que cualquier pareja hiciese a la dichosa edad de veintisiete años (ella) y veintisiete y medio (él). El mundo se abría delante de ellos magníficamente. Sin embargo, no se vaya a creer que todo era felicidad para la joven pareja de quienes ahora hablamos sin reparos. No. También había peleas, nada trascendental, les diré, pues de otra forma no habría nada que contar. Octavio le era fiel, más por indiferencia que por falta oportunidad, es decir, como todo buen macho latino (y eso de macho latino es una exageración, ya que los machos latinos no existen) podía haber salido con alguna de sus amigas, si así lo hubiese querido pero, como ya dijimos, Octavio era un tipo tan desinteresando de toda vida común y cotidiana; así, en lugar de salir un bar, a una discoteca o de patota con sus amigotes, prefería divagar, abstraerse y perder el tiempo con su amada Ysabel. Y así fue, ella confiaba en él, no ciegamente, sería insensato creerlo.
Además, los errores suelen ocurrir, lo mismo que los malos entendidos; "quién esa chica" le preguntó ella de sopetón, a lo que él respondió con la peor de las respuestas: "¿cuál chica...?", "no te hagas pues, la chica esa...", aun sorprendido y estúpidamente, Octavio volvió a interrogar: "¿quién...?". Es allí cuando los hombres reaccionamos, cuando es demasiado tarde, cuando nuestra adorada alma gemela es presa de quién sabe qué y te increpa quién sabe qué cosa. Y discutieron, él tratando de hablar, ella arremetiendo "no me mientas ah", "¿seguro?", "ya, ahora dime la verdad...". Luego de todo, las cosas se aclararon, pero al momento no había forma de hacerle entender que la persona de quien hablaban era la jefa de Octavio.
“León”, le decía ella a él; “leona”, le decía él a ella; “leoncito”, apuntaba con cariño, “mi leoncito”, y le acariciaba y se abrazaban, y se besaban, claro está, con pasión desmedida, y frente a mí, lo cual toleraba poco a falta de novia o amiga cariñosa. Diríase que Romeo y Julieta tenían poco que envidiarles.
El interior del auto olía mal. Un tío me había pedido el favor de transportarle mercadería; no era mucha la mercadería pero quitar el olor resultó muy difícil y, pese a los aromatizantes aun persistía, “ta mare George, limpia pe varón”, bromeaba Octavio desde el asiento trasero, a su lado Ysabel se doblaba de la risa, y de vergüenza ajena. “carajo, deja manejar oe”, le respondí, “y encima un carro rojo, carro de brócoli te compras”. Estábamos a solo diez minutos de nuestro destino, el auto avanzaba veloz y firme por la avenida, no había mucho tráfico. Octavio e Ysabel estaban un poco picados por el vino, pero felices, los veía por el retrovisor “ay George, no le hagas caso...” y luego se besan.
Y, como en las películas, no sé de dónde apareció o si realmente algo apareció, fue como si de pronto la velocidad dejará de existir, y el tiempo comenzará a dar brincos, como si no siguiera una trayectoria lineal, sino a los lados, luego hacia adelante, luego hacía atrás, incluso los sonidos dejaron de percibirse. Quedamos incrustados debajo de un camión que transportaba cemento para construcción; varios bomberos nos retiraron de debajo de los fierros retorcidos. Ysabel se llevó la peor parte. Octavio salió ileso y yo, demasiadas cortadas y contusiones.
Hace dos meses fue la última vez que vi a Octavio. La extraña demasiado, debería dormir, lo sé. Ahora comprendo que hay culpas que nunca deben olvidarse.
... 2.30
lograba distraerse a duras penas, aunque por algunos instantes separaba la cabeza del cuerpo y se dejaba volar por los techos.
era divertido verlo saltar por la ventana todos los días a la misma hora incierta.
en otras ocasiones prefería escribir cuentos que luego predía fuego para esconder todos sus secretos. Sabía muy bien como hacerlo.
Comenzaba pensando en colores, luego caminaba por varias calles y en una de esas, en cualquiera, decidía que le gustaba hacer, e iba de regreso.
aunque en realidad nunca regresó, sus pensamientos siempre fueron caóticos y nosotros nos divertíamos viéndole.
Un loco, quizá. ¿Pero quién no lo es?, ¿Quién no ha soñado con la grandeza, con hacer magia, con el brillo de los tejados de Castillos de Cristal y con navegar en océanos infinitos, con extraviarse en los recuerdos de otros?, ¿Quién no ha llorado de rabia, tristeza y felicidad?, ¿Quién no ha vestido de invisible?, ¿Quién no ha despertado dentro de otro sueño?, ¿Quién no ha esperado más allá de las horas o los días?
¿Acaso soy aquello?
Contradictorio, es cierto.
Orgulloso, inoportuno, egoísta, bárbaro, insomne, brujo, amigo y enemigo, ebrio, filósofo de cantina, ser cotidiano, hambriento y sediento, extraviado y citadino, creador de universos, dios enfermo, nocturno, madrugador, de mirada vencida, de manos de hueso, desposeído y desarraigado, amado y adorado, caminante, naufrago, vendedor de historias y comprador de sonrisas, coleccionista de abrazos, hombre virtual, soplador de molinos de viento, agitador de huracanes, soñador de atardeceres en el miserable cielo limeño, esperanzado en volver a mirar el mar de noche, compulsivo bebedor de café, naufrago de penas, esbirro y cíclope, artesano y destructor, guerrero, vagabundo, hombre de hielo, juguete de los ángeles, demonio arrepentido, eucalipto, amanecer de soledades, recuerdo sombrío, antojadizo de pasteles de chocolate, oidor de mentiras, enmascarado y traslúcido.
Preguntas, ¿quién soy?
¿Acaso no son solo palabras las que sobran o faltan?, ¿acaso eres mi religión o mi única fe?, tal vez la sombra de la que nunca escapé, quizá soy mi propio destino vistiéndome de harapos. No lo sé.
Demente cobijado bajo estatuas de piedra, bruma esporádica, efímero y artificial, confiable y celoso guardián de secretos inoportunos, cazador de hadas.
Escritor de sueños y pesadillas.