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martes, 26 de mayo de 2009
nada
¿estarás allí para mí cuando te necesite?
¿si te hago una pregunta, responderás?
¿si quisiera que estés a mi lado, lo harás?
hace unos días compré una paloma de vidrio, pensaba regalartela, pero es imposible que lo haga. me he encariñado mucho con el ave; ahora mismo está sobre mi mesa, la luz que la atrevieza hace que forme sombras caprichosas.
¿te puedo extrañar?
aveces quisiera escribir cosas bonitas para que ya no me tengas miedo.
estoy harto de sentirme mal siempre.
¿si te hago una pregunta, responderás?
¿si quisiera que estés a mi lado, lo harás?
hace unos días compré una paloma de vidrio, pensaba regalartela, pero es imposible que lo haga. me he encariñado mucho con el ave; ahora mismo está sobre mi mesa, la luz que la atrevieza hace que forme sombras caprichosas.
¿te puedo extrañar?
aveces quisiera escribir cosas bonitas para que ya no me tengas miedo.
estoy harto de sentirme mal siempre.
domingo, 28 de septiembre de 2008
chocolate
Cada noche, llegando casi a las 10.00 p.m., recuerdo que a ella le gustan los chocolates y, como un poseído, salgo a la calle a recorrer las tiendas en busca de uno.
Escojo uno y lo deshecho, no puedo equivocarme y debo ofrecerle el chocolate perfecto, son raros los chocolares perfectos. Busco, camino. Y lo encuentro.
Lo observo tendido sobre la mesa, esperando el amanecer para entregárselo. Sin embargo, no pasan más de cuatro horas y lo devoro con ansiedad. Y ella jamás sabrá que le compro uno cada noche antes de dormir.
martes, 23 de septiembre de 2008
carta
Querida Martha,
Conseguí trabajo.
No es el que imaginaba, pero ya vez como son las cosas, uno pone sus esperanzas en algo que veces no suceden entonces hay continuar, ajustarse los pantalones, sacar pecho y seguir andando con los pasos firmes y bien puestos sobre la tierra, otras veces hay que respirar profundo y darle duro, por eso sigo aquí, porque no he querido rendirme. Lo sé, divago, pero no puedo evitar comentarte aquello de la fe y las ganas. Lo sé, y sé que por mucho que lo intente no puedo evitar ser como soy, tu me conoces, por lo que nos tocó vivir juntos. Fue, quizá, ahora que lo pienso, la mejor parte de mi vida, corta e intensa, maravillosa; quizá por eso sigo recurriendo a ti, pese a todo, te sigo creyendo, eres mi fe. Necesitaba ese trabajo, sé que no durará mucho, pero sé que puedo seguir si hay alguien que todavía confía en mi. Lo sé, ahora lo comprendo todo; recuerdo que confiamos demasiado uno en el otro y ahora solo nos quedan estas cartas esporádicas pero vitales. Lo sé, no responderás esta vez, como las otras cartas, ya hace mucho que no estás cerca de mí, ahora lo entiendo; por lo menos sé que lees cuando te escribo, lo sé porque los muertos son dioses chiquitos, no se ven, pero están en todas partes, en el mueble de la sala, en los libros que todavía me atrevo a abrir, aunque no los lea, en mi ropa, en mi cabeza. Y quizá el trabajo me distraiga un poco de ti, pero sin ti, no habrá fe que me mueva hacia ningún lugar, allí comienza un poco el miedo Martha, porque no quiero quedarme vacio, ya he tenido suficiente de pataletas y lágrimas ridículas. Mírame, ahora soy más fuerte que antes.
Te quiere.
G.
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