De chiquito solo le contaban historias de muertos y cuando cumplió treinta y dos años pensó, y lo creyó firmemente, que en poco se moriría de una enfermedad cruel y salvaje que le haría agonizar por un breve período en una cama de hospital o, peor aun, en su propia cama. Sin embargo, nada de eso sucedió, al contrario vivió mucho tiempo, tanto que incluso olvidó de cuando era chiquito y de las historias que le contaban para que se duerma, pero él poco dormía, ni siquiera cuando cumplió treinta y dos años, pues tenía miedo, miedo de morirse solo y sin nadie que le acompañe. Entonces, inesperadamente, se había enamorado de una chica flaquita y de nombre Jazmín y cada día y cada noche pensaba en ella y le escribía poemas y soñaba que se veían a escondidas, cerca de las escaleras a dónde a todo mundo se le había prohibido acercarse por tratarse de una escalera escalofriante que solo inspirata las más rebuscadas historias, pero se veían a escondidas. Y así vivieron muchos años juntos, tantos que un día, ya de muy viejo, descubrió que Jazmín ya le había abandonado y se había casado con otro hombre y que ya no le recordaba y, entonces, él pensaba en cuando era un pequeño a quién le contaban historias fantásticas que nunca podía olvidarse hasta cuando cumplió treinta y dos años y se dio cuenta que su vida sería contar historias y entonces, en ese instante, su vida cambio mucho, tanto que un día no tuvo más historias que contar...
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sábado, 11 de abril de 2009
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