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jueves, 19 de abril de 2012
breves
Entonces, lo primero que suelo pensar es que el amor es una estafa, un
engaño inventado por alguien para..., y
justo ahí se detienen mis pensamientos.
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Cuando anochece, aparecen las típicas sombras. Sombras que se crean
por la luz artificial de los faroles, de las velas que iluminan mi casa. Entonces
la música se pone cómoda a mí alrededor.
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Ruido. Música. Sueños interrumpidos, así son las noches en este país.
jueves, 30 de abril de 2009
palabras
quién sabe cuándo comenzó este silencio, quién puede decirlo sin oscurecer el día, la muerte noche, la noche hiriente, todos los muertos cantando, todas las risas mueriendo, y tú
qué sabes tú de mi silencio, de mi sangre, de mi endomoniado ser, qué sabes tú de mi sombra, de mis manos, de mi cuerpo de algas y helechos, de bebederos de pájaros enfermos, ¡ah!, qué sabes tú de esta quimera que es mi vida, de estos ruidos a media noche, ¡ah!, qué sabes tú de este insomnio, de esta vida de aullar y latidos y palpitaciones
quién, entonces, puede conocer el principio de las tempestades, saber de mi rostro o de mi tristeza; quién puede deshacer este hechizo
miércoles, 22 de abril de 2009
poesia
mil abismos habitan
este cuerpo de arterias;
¿dónde están las palabras?
¿dónde la muerte lenta?,
¿dónde el silencio cómplice?,
¿dónde el rostro severo e insondable... ?,
¿acaso el ocaso me desvanece?,
¿acaso el vientre de la noche me habita?
mil destinos me persiguen,
mil devoradores de hombres y de bestias
¿acaso este cuerpo es el que habito?,
¿acaso el crepúsculo es mi madre?
mil rostros dibujan
esta manía de hacerme noche,
de hacerme bestia y garabato.
¿acaso el silencio me encierra
en este cuerpo de bruscas manos?
¿quién, entonces, con sigilo pregunta?
¿acaso la piedra húmeda?
¿acaso el cielo infinito?
¿acaso el infierno de los desterrados?
este cuerpo de arterias;
¿dónde están las palabras?
¿dónde la muerte lenta?,
¿dónde el silencio cómplice?,
¿dónde el rostro severo e insondable... ?,
¿acaso el ocaso me desvanece?,
¿acaso el vientre de la noche me habita?
mil destinos me persiguen,
mil devoradores de hombres y de bestias
¿acaso este cuerpo es el que habito?,
¿acaso el crepúsculo es mi madre?
mil rostros dibujan
esta manía de hacerme noche,
de hacerme bestia y garabato.
¿acaso el silencio me encierra
en este cuerpo de bruscas manos?
¿quién, entonces, con sigilo pregunta?
¿acaso la piedra húmeda?
¿acaso el cielo infinito?
¿acaso el infierno de los desterrados?
sábado, 15 de noviembre de 2008
Diario irrear, página 02
Esto no es vivir.
Esto es apenas un instante fulminante que no te atreves a cruzar, dar el paso final se ha convertido para ti en un abismo inmenso que no te atreves a cruzar, y, al contrario, lo observas fascinado y feliz pensando, quizá, que no hay más pasos que dar sino te quedas allí mirando el eterno instante.
En mi cuerpo, la camisa nueva había sudado demasiado y me sentía cansado; mi cabeza apenas si se atrevía a pensar, más bien, durante el baile, me dejaba llevar. Quiero aclarar que yo no bebo ningún tipo de licor pues me enfermo con facilidad.
Salí.
Demasiado abrumado por los pequeños abismos que comienzan asomar de madrugada. Caminé por varias calles y el aire me refrescó el rostro; el taxi me arrastró por millones de calles y no salgo de casa desde hace dos días. Desde la fiesta.
Y aún recuerdo. Un paso, un instante.
- No, suéltame - dijo, y no respondí nada, mi mente se resistía a pensar.
Había cruzado el abismo.
Esto no es vivir, es apenas un instante fulminante.
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