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jueves, 30 de abril de 2009
palabras
quién sabe cuándo comenzó este silencio, quién puede decirlo sin oscurecer el día, la muerte noche, la noche hiriente, todos los muertos cantando, todas las risas mueriendo, y tú
qué sabes tú de mi silencio, de mi sangre, de mi endomoniado ser, qué sabes tú de mi sombra, de mis manos, de mi cuerpo de algas y helechos, de bebederos de pájaros enfermos, ¡ah!, qué sabes tú de esta quimera que es mi vida, de estos ruidos a media noche, ¡ah!, qué sabes tú de este insomnio, de esta vida de aullar y latidos y palpitaciones
quién, entonces, puede conocer el principio de las tempestades, saber de mi rostro o de mi tristeza; quién puede deshacer este hechizo
lunes, 3 de noviembre de 2008
calle
Hace fresco.
Por la venida el viento arrastra la basura y aun se respira el humo del pequeño incendio. Los niños juegan chapoteando en los charcos, saltan y salpican el agua sucia hacia los automóviles que avanzan cautelosos, tocando sus bocinas para abrirse paso. Las personas retroceden y se apiñan unas a otras. Una mujer arrastra del brazo a un niño con el rostro pintando de ollín y ceniza.
Pese a ello el fresco de la tarde se ha hecho palpable. Me recuesto sobre la vereda y me envuelvo en periódicos.
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