jueves, 11 de septiembre de 2008

acero

¿Quién dijo que no sería posible dar un paso más?, quizá nadie lanzó la pregunta y quizá solo la voz se ha repetido por milenios en la cabeza de Gabriel, pero él no lo sabe, ya no sabe mucho de nada, sabe demasiado poco como para aventurarse a conjeturar alguna idea, alguna razón válida que le permita seguir pensando. No. Prefiere solo quedarse y reconocer el primer origen de las voces, pensarlas como si proviniesen de Dios.

Y justo ahora comienza pensar en Dios, en todas esas palabras que escucha constantemente, algunas tan fuertes que tiene que agacharse por la sorpresa que le causan, o le hacen voltear en plena calle o a responder a las preguntas que oye, "no carajo, olvida eso...", responde y, generalmente le ocurre que cerca de él hay una persona sorprendida que atina a apretar sus objetos personales contra el pecho; Gabriel pide disculpas y en el algunas ocasiones intenta ofrecer alguna explicación pero con el tiempo ha descubierto que las explicaciones no sirven de nada o de muy poco y, últimamente, prefiere callar y deambular por las calles, intentando esquivar las voces que le persiguen, preguntándose de dónde viene y para qué.

Quizá por eso no creyó que le estuviesen hablando y por eso no volteó, apenas alargó el brazo para alejarse cuanto antes, y por eso quedó sorprendido cuando lo sujetaron del brazo y entonces si volteó y el cuchillo se le clavó debajo de las costillas y le hizo doblarse pero no emitir ningún quejido, todavía estaba sorprendido cuando, en el suelo sentía que las manos le rebuscaban en sus bolsillos para luego dejarlo allí, recostado, desvaneciéndose en un sueño hermoso y viéndose caminar a la voz que ahora le llamaba amorosamente.



1 comentario:

Lena dijo...

Has regresado!!!

Y en buena forma!!!

(qué contenta estoy)

Bienvenido, George...

Un abrazo!