martes, 30 de junio de 2009
ventana
lunes, 29 de junio de 2009
Paisaje
Mucha agua corre bajo el puente, por eso no siento deseos de escribir. Han transcurrido varias semanas y no he escrito algo medianamente aceptable (aceptable para mí)
Me he refugiado en mi cama; agotado, he faltado al trabajo tres días seguidos sin una excusa creíble, ahora mismo aprovecho el feriado largo y no tengo deseos de levantarme ni desabrigarme.
No tengo excusas para tanto desasosiego, no sé que me sucede. O tal vez si.
Creo que todo comenzó el jueves4 de junio 2009. Le había dicho a Claudia que volvería de la oficina tarde pues tendría una reunión bastante importante, y que no nos veríamos sino hasta dentro de dos días. Aquella reunión significaría puntos a favor para seguir ascendiendo como favorito para un cargo importante en la empresa. Demás está decir que la reunión fue interesante, acertamos con la presentación de nuestra estrategia de desarrollo y salvo pequeñas modificaciones, todo iba viento en popa.
Al final del día, caminé hasta el estacionamiento, no estaban los hombres de la vigilancia pero no me inquieté al respecto; quizá están metidos en una de las oficinas, pensé. Una mujer me llamó, estoy seguro que era mujer, escuché su voz de mujer y allí mismo cambio todo lo que conozco. Volteé y apenas distinguí una figura vestida de rojo. En ese instante un pesado sueño me invadió, intenté resistir pero fue imposible. (Cuento la historia tal como la viví y como la recuerdo).
Desperté con el aroma de las flores (en mi departamento no tengo espacio para un jardín, ¿cómo podía saber que ese aroma era de flores?, ni siquiera visito una parque hace años), estaba boca arriba, con los ojos cubriendo gran espacio, no podía mover los brazos ni las piernas, no había dolor en mi cuerpo pero si una extraña sensación de estar flotando. Mientras más abría los ojos, menos podía entender lo que sucedía, era como haber abierto uno de esos libros de magia y haber entrado en el. Mientras más abría los ojos, menos podía comprender lo que estaba sucediendo.
Pequeños hombrecillos jugaban sobre mí, los veía saltar y correr encima de mi cuerpo, disfrutando de un intenso día de campo junto a otros hombrecillos que vestían multicoloridos, todos ellos con los rostros felices, risueños; allí estaban los hombrecillos, indiferentes a mi presencia, como si yo mismo fuese parte del paisaje. Desesperado, intenté gritar, pero al abrir la boca se produjo un ruido simpático y en seguida los árboles se agitaron y las hojas secas cayeron por el campo y lo único que provoqué fue que los pequeños hombres alzaran los brazos en señal de algarabía, ¿qué está sucediendo a mi alrededor?, ¿qué es este lugar?
Sin embargo, el aroma a flores me desbordaba, se trataba de un aroma agradable y reconfortante, me sentía elevado, si el paraíso existe, ese debe ser; y allí estaba, sobre lo que había sido mi brazo florecían arbustos de diferentes colores y olores esparciendo su aroma mágico hasta mi nariz invadiéndome y llenándome de paz . Cada cierto tiempo, los hombrecillos caminaban hasta el lugar de las flores, cogían una para luego regresar y obsequiarla a una bella dama, tan pequeña como ellos.
Hacía arriba no solo revoloteaban las aves, sino pequeñas hadas resplandecientes quienes se extasiaban jugando entre las ramas de altos árboles, cogían entre sus manitos las gotas que el rocío había desparramado en la mañana y las arrojaban sobre los pequeños hombrecillos que descasaban en la grama, luego reían pese el enojo de éstos, pero, ¡ay!, tercas, volvían a la carga una y otra vez.
Ello provocó que los hombrecillos (de quienes luego descubrí que su raza era el de los Elementales) lanzaran gritos estridentes que las hadas no podían soportar provocando que se cubran las orejillas, entonces cargaban otras gotas de rocío y las arrojaban sobre los hombrecillos que gritaban con mayor fuerza y estridencia. De no haber sido por un inmenso búho que apareció sobrevolando las copas de los árboles y que se posó en lo alto de una rama y habló con voz de Sabio, quizá habrían terminado en una pelea innecesaria.
- Hermanos – dijo – hermanas – no hay necesidad que trataros mal unos a otros. Este mundo es grande – Y me miró.
Fue todo cuanto le escuché hablar.
Al abrir los ojos conducía semidormido por una larga avenida.
Comprendo lo inverosímil de esta historia, yo mismo no lo creo y me siento sobrepasado por tener que exponerla de esta manera; entonces la razón de no sentir deseos de escribir es simple, luego de haber vivido aquella experiencia, díganme ¿qué puedo escribir ahora? Mucha agua corre bajo el puente y quizá sea apenas el comienzo.
miércoles, 24 de junio de 2009
viernes, 19 de junio de 2009
Visiones
miércoles, 17 de junio de 2009
otras ausencias
el informe coagulo de sangre,
sobre tu plato desbordado de langostas
moradas de ángeles azules, asesinos de cuerpos celestes recorriendo vuestro cuerpo en busca de cicatrices que abrir con sus uñas filosas como hoces envenenadas.
Enfundado en su pijama a rayas, una gris, una línea blanca, una roja herida como una boca desdentada, un color inventado por un milagro, el grito desesperado, la noche abierta a los ojos blancos en son de paz. Tu corazón ardiendo en el fuego negro.
La inevitable caída; el abismo no se crea ni se destruye, solo se transforma, se arrastra por el suelo anegado en lágrimas. Tus pensamientos buscando los míos.
El recorrido de sus dedos, infinitos espejos reflejándose eternamente, sus pasos leves, los garabatos en las paredes, una cárcel interminable; la prisión de respirar, de poseer sueños, de arrancárselos uno a uno, siniestros pasos leves avanzan como la niebla más ausente.
miércoles, 10 de junio de 2009
tarde
sin su voz suave y melodiosa al otro lado del auricular aquellos días son como cualquier otro.
largos y desabridos.
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mis dedos se han congelado y apretarlos contra los cuadratidos del teclado es doloroso, casi tan doloros como la tarde del siete de mayo de 1999, cuando, inflando el pecho de valentía, me atreví a cruzar el mar de multitudes hasta a penas percibirle el perfume carísimo que había comprado.
desvarío.
martes, 9 de junio de 2009
Crisis
Aquí la cronología de los hechos: Ave Crítica.
También la traducción de lo que dice la mujer en Awajun:
Escúchanos, por favor, señor Alan García:
¡Tú eres culpable porque nos has exterminado!
Nos estás matando.
Nos estás vendiendo.
Tú eres el terrorista.
Nosotros defendemos nuestro territorio sin uso de armamentos, nuestro único arma de defensa es solo lanzas y palos que no son de largo alcance y no es para matar como tú lo has hecho con nosotros.
Tú nos exterminaste usando armamentos, balas, helicópteros y los mataste a nuestros: hermanos, hermanas, estudiantes, profesores, hijos.
Alan, te pedimos que vengas acá en nuestro territorio para que nos pagues de las deudas que tienes con nosotros.
Alan, tú eres vende patria, vende indígenas, vendes nuestros recursos naturales: oro, petróleo, agua, aire, contaminas nuestro medio ambiente y así nos dejas más pobres como nos estás viendo ahora cómo estamos y quedamos.
Nosotros los awajún-wampis no te hemos elegido para que nos extermines, sino para que nos ayudes, des estudios a nuestros hijos que ahora has matado.
Nosotros no te estamos quitando tu propiedad privada, no te hemos matado a tus hijos, tu familia, ahora por qué tú nos acabas.
¡Ya nos exterminaste, ahora quedamos sin NADA!
miércoles, 3 de junio de 2009
Señales y Coincidencias
Me lo habían contado decenas de personas en varias oportunidades, pero preferí no creer en nada. Al final terminé estrellado en la pared, como un huevo aplastado y esparcido por todo lo alto y ancho.
En realidad prefería sentarme mirar por la ventana; desde hacía dos décadas era lo único que me importaba hacer. Así pasaba la mayor parte de los días. Cuando hacía frío, ponía una manta sobre mis rodillas, cuando hacía calor pedía que me lleven un vaso con limonada y hielo que bebía con sorbos pequeños para que dure lo más posible. Me avergonzaba pedir otro vaso con el temor que me lo nieguen.
Era el veintitrés de mayo y aquel día dejamos de hablar. Digo, de hablar normalmente, como lo hacen las personas normales, uno frente al otro, cada uno abriendo la boca y pronunciando palabras que en aquel tiempo para algo debían servir. Comenzamos a utilizar otros medios. El MSN fue el primero. Luego utilizamos señales u objetos que dejábamos cerca de nosotros, nunca había palabras, solo objetos: un lápiz, la tapa de una botella de una marca conocida, un palillo de fósforos, un pedazo de papel arrugado, llaves, chocolates, etc., etc. Siguieron gestos con los rostros o con el cuerpo, lo utilizábamos poco pues no queríamos llamar la atención de nadie; también utilizamos señales de humo, chillidos y marcas que grabábamos en las paredes o en los muebles.
No puedo quitármela de la cabeza y cuando deambulo por las estrechas callejuelas de mi Ciudad, escucho su nombre o lo leo en las paradas de los autobuses. No sé si soy yo quien las pronuncia y las ha escrito, o ha sido alguien más, o si ya estaban allí desde antes de mi llegada. "Es mi Ciudad" pienso para comprender que nadie sin mi permiso puede intentar hacer lo que prohíba o permita. "Jazmin", escrito con espray verde; dibujado con piedras en el suelo de los descampados; una niña del mismo nombre a la que su madre llama constantemente pero la pequeña no obedece, su nombre escrito en mis venas y en mi sangre. No quiero quitármela de la cabeza.




